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domingo, 12 de julio de 2026

Don Víctor, su campo de sueños y la cosecha de memorias

El campo de sueños
Hace más de una decada comencé a visitar Ciudad Juárez, Durango, aún hoy conocido como Villa Juárez, municipio de Lerdo. Cada otoño, en vísperas del Día de Muertos, me encontraba con los campos de flores y la cosecha de cempasúchil y mano de león que suelen venderse fuera de los panteones de la Región Lagunera, aunque ignoraba que se produjeran localmente. Fue esa curiosidad por saber más lo que me llevó a recorrer varios campos y a conocer a quienes los trabajaban, especialmente a don Víctor Esquivel García. Además de estimarlo, como a los demás, lo consideré un amigo cercano, pues así me recibió durante los años en que lo visitaba en su labor.

El campo de don Víctor no era el más extenso, pero sí el que más disfruté. Su ubicación le daba características singulares: era una especie de rincón aislado, aunque con el tiempo también se volvió concurrido. Tenía una casita de adobe junto a un árbol, lo que añadía un atractivo especial para quienes lo visitábamos con la intención de hacer imágenes. En este campo se sentía una tranquilidad y una bella energía, era simplemente mágico principalmente al atardecer.

Don Víctor Esquivel García en 2012
Quizá hice muchas fotos similares y recurrentes en cada ocasión, pero disfrutaba cada ocasión que pude hacerlo y para mí cada vez fue única e irrepetible, simplemente ese campo invitaba a capturar ese momento especial; visitar aquel campo se sentía como ir de vacaciones a casa del abuelo. No siempre coincidía con don Víctor por los horarios de mis visitas, pero era muy grato encontrarlo y platicar brevemente con él y con las personas que trabajaban a su lado. Fue en ese campo, el primero que conocí, donde me sentí acogido y familiarizado; y fue también el último en el que pude dedicar tiempo a hacer un recorrido completo con alumnas y alumnos de fotografía, cada fin de octubre. Incluso a la fecha me llegan solicitudes de que avise cuando vuelva a visitar esos campos o en otros casos me han solicitado que comparta la ubicación, no sabiendo que específicamente ese bello campo cedió su espacio a un fraccionamiento moderno.


Ocaso otoñal
Don Víctor, siempre amable, me recibía junto a mis alumnos y amablemente me autorizó a seguir visitando su campo incluso en su ausencia, confiado en que respetaría y cuidaría su producción. Con el tiempo, se familiarizó conmigo al grado de invitarme a la tradicional celebración del Santo Niño de Atocha y San Judas Tadeo que realizaba cada año, en noviembre, con toda su familia, después de los Días de Difuntos. La fiesta culminaba con una deliciosa reliquia que su generosa familia preparaba y compartía con la gente de su entorno. Para mí fue muy especial esa invitación, pues mostró el aprecio que don Víctor me llegó a tener. Aunque no intercambiábamos muchas palabras en mis visitas pues él era un poco reservado conmigo, a pesar de mi insistente curiosidad y preguntas para ampliar mi conocimiento, valoré profundamente los momentos de contemplación en su compañía frente a su majestuoso campo: el silencio de la tarde, el trinar de las aves, el fresco del atardecer, el olor de la vegetación y el radiante colorido del cempasúchil contrastando con la mano de león, y ocasionalmente con las margaritas que también se cosechaban allí en algunas temporadas.

Don Víctor acompañado de Talanga
Don Víctor se convirtió no solo en el protagonista de mis imágenes, sino en un gran amigo al que podía visitar y con quien compartir el silencio del campo mientras acompañaba la contemplación floral en el ocaso. Sin embargo, su campo sucumbió ante el desarrollo urbano y, después de varios años, su lugar fue ocupado por un fraccionamiento campestre. Aún así, Don Víctor siguió extendiendo su generosidad a través de invitaciones a su ferviente tradición del Santo Niño y San Juditas, que me hacía llegar por medio de sus nietas en redes sociales. Lamentablemente, la rutina y las circunstancias me alejaron en los últimos tres años, y ya no pude regresar con él. Supe por algunas personas de Ciudad Juárez que su salud se había deteriorado; el tiempo no perdona, y hace un par de días, por la misma red social, me enteré del fallecimiento de mi querido amigo don Víctor.


Hasta siempre querido Don Víctor
Su imagen no solo queda en mis fotografías y en mi imaginario; para mí el referente más importante que representa a quienes trabajan los campos de Ciudad Juárez, resistiendo el desarrollo urbano de la Región Lagunera. Ellos, cada año, se mantienen produciendo las flores que adornan los sepulcros de nuestros difuntos, junto con otras cosechas de calabacita, repollo, rábano, coliflor, maíz, sorgo y más variedades durante el resto del año. Don Víctor fue un incansable trabajador de la tierra, ferviente del Santo Niño de Atocha y San Judas, no se diga de su familia, incansable que no podía estar quieto, sin duda un ejemplo de figura paterna. 


Talanga
Aún hay en Ciudad Juárez varios campos de flores que visitar este año así como otras amistades que también logré  con el paso de los años durante mis recorridos por los demás bellos campos en que estuve registrando el proceso de la producción de cempasúchil, mano de león y demás flores para el Día de Muertos. No sé Talanga aún exista o ronde en búsqueda de otro campo, solo sé que hoy hay otra ausencia que aflige, creo que al igual que Talanga hoy me falta un amigo irreemplazable. Por ahora Don Víctor y su campo permanecerá hoy más que nunca en el imaginario de mis recuerdos favoritos del otoño y la víspera del Día de Muertos.



miércoles, 11 de febrero de 2026

La Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín a casi 19 años de su creación...

¿Quién recuerda la extinta Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín? Hace casi veinte años, en 2006, Rogelio Madero de la Peña y Pedro Luis Martín Bringas visualizaron un proyecto que pronto dejaría de ser idea para volverse realidad: crear un espacio donde los artistas coahuilenses pudieran desarrollar su talento, recibir apoyo y promover su trabajo. Una especie de cofradía que reuniera en un solo lugar a los creadores laguneros, dándoles la oportunidad de crear, compartir y vivir plenamente su vocación. Corrían los primeros meses de 2006. Rogelio Madero y su hijo David elaboraban el Manto de la Virgen en un terreno que había sido la embotelladora de refrescos Barrilitos, frente al Restaurate La Majada sobre el bulevar Independencia, cerca de las oficinas de Pedro Luis Martín Bringas, cuando tuve el gusto de conocerles y me interesó poder registrar parte del proceso de creación de aquella monumental escultura de acero durante los siguientes meses, lo que daría inicio a una amistad con ambos.

En aquella ocasión conversando con Rogelio y David, el primero me habló de un proyecto que estaba por nacer. Amablemente me invitó a conocer las futuras instalaciones de lo que sería la Casa del Artista. El edificio pasaba de obra negra a los detalles finales. En semanas siguientes se llevaría a cabo la selección de cubículos y la asignación de espacios para quienes tomarían posesión del lugar. A inicios de 2007, ya que la obra culminó, se realizó una selección y finalmente quedé seleccionado, por lo que se me asignó un cubículo en comodato como a los demás integrantes que habían sido seleccionados; por fin contaba con un lugar que fungiría a manera de oficina y estudio donde podría desarrollar mi trabajo de fotografía. Entre los miembros fundadores se encontraban: 

Aida Chamut (pintura), Alonso Licerio Valdés ✝ 2026 (grabado), Álvaro Castaño (escultura), Bibi Guerra ✝ (pintura), David Madero (escultura), David Eduardo Hernández (pintura), Freddy Peniche (pintura y escultura), Fernando Ibarra (pintor), Gloria Banda ✝ (pintura), Guillermo Colmenero (escultura), Héctor Moreno Robles (fotografía), Itziar Fernández Ugarte (pintura y escultura), Jesús Siller (pintura, escultura y restauración), Laura Covarrubias (pintura), Liliana Barrera (pintura), Liliana Lobo ✝ (fotografía), Lorena Holguin Zehfuss (pintura), Luis Montelongo  (escultura), Marianto Aparicio (cerámica), Oswaldo Luévano (pintura y joyería rústica), Rafael Aguirre (pintura), Ramón Reveles ✝ (pintor), Sergio Pérez Corella (pintura), Rogelio Madero (escultura) y por supuesto su servidor.

Al cabo de un año, algunos de los artistas mencionados decidieron marcharse, como el flujo de la vida las personas también entran, salen, se mueven, su salida dio oportunidad a nuevos creadores como Paulina Delgado (joyería de plata), María Teresa Morales (cerámica), Andrea Alvarado (artista visual), Eduardo Rodríguez Calzado (artista visual), Agustín Castillo (artista visual), Evelio Moreno (artista plástico), Henry Reyes (pintura), Alfredo Cortés (grabado), Rafael Blando (fotografía) y Enrique Leal (artista plástico). La Casa del Artista era un organismo vivo y muy dinámico.

Mi estancia se extendió desde 2007 hasta 2015, cuando decidí continuar mi camino de manera individual. Ocho años de exposiciones, talleres, subastas, ferias. Ocho años de convivencia, de diálogo entre disciplinas, de crecimiento mutuo. Ocho años viendo cómo el espacio siempre estuvo abierto para compartir con personas ajenas a la Casa, impulsando así el quehacer cultural y artístico de la Comarca Lagunera. La Casa logró algo difícil: concentrar a creadores de diversas trayectorias, propiciar el encuentro, generar resultados. Permitió que artistas locales se proyectaran más allá, en museos y galerías a nivel nacional. También recibió a artistas huéspedes, que presentaron su trabajo y dejaron su huella. 

Lo que queda a estas alturas de aquella cofradía ya no existe, la amistad continúa a pesar de la distancia y el tiempo. Algunos de los artistas seguimos en contacto. Otros hemos vuelto a coincidir en distintos espacios. Algunos más abandonaron este plano terrestre, pero permanecen en la memoria. Bibi, Liliana, Gloria, Ramón, Luis, Alonso... ellos ya no están, pero su obra y su presencia siguen. Quienes aún estamos aquí continuamos en pie, la mayoría trabajando aún la parcela del arte, resistiendo, buscando superarnos cada día con el objetivo de lograr nuestras metas en el largo plazo. 

En aquel entonces yo comenzaba en la fotografía. Buscaba mi camino mientras incursionaba en el retrato de sociales y la fotografía de producto, y al mismo tiempo registraba temas de mi interés: el acontecer urbano, la vida cotidiana, en busca de una narrativa de índole social. Mi conocimiento fotográfico era más técnico que conceptual. Pero algo en aquel encuentro empezó a moverse. Las conversaciones con cada uno de mis compañeros dieron pie a mi aprendizaje viendo sus procesos creativos además del ensayo y error de ser autodidacta, lecturas recomendadas, las exposiciones tanto internas como externas, fueron dando forma en este camino del arte que me llevó hasta donde voy actualmente, el camino es largo y me mantengo aprendiendo, actualizándome. 

Hace un par de semanas fue grato reencontrarme con el sitio de Blogger donde comencé a difundir este proyecto. Luego, el espacio adoptó un dominio propio y posteriormente migró a WordPress. Yo decidí dejar la Casa del Artista en 2015 por lo que la administración del sitio web quedó huérfana al igual que las redes sociales. A inicios de 2016 el dominio expiró y el sitio se perdió. Pero la memoria encuentra caminos, hoy, el servicio Wayback Machine de Internet Archive conserva un testimonio de lo que alguna vez fue la Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín. No es un sitio funcional, pero muestra el rostro que tuvo. Y hay más: el blog original en Blogger, aquel donde todo empezó, sigue en pie. Se mantiene funcional, más accesible, un puente directo a aquellos años, un archivo de la memoria. Espero con el pasar de los meses poder alimentarlo hasta donde se quedó el sitio Wordpress, habrá que hacer memoria y echar mano de los artículos que se mantienen en los medios locales los cuales muchas veces desaparecen también por cambios de renovación en su estructura.


Al escribir esto, me embarga un poco de nostalgia, pero también orgullo:

  • Orgullo de recordar dónde comenzó mi camino hace casi veinte años.
  • Orgullo de haber formado parte de algo que, aunque ya no existe, dejó huella. 
  • Orgullo de haber aprendido y convivido con cada una de las personas que conocí en la Casa del Artista.
  • Agradecido de las oportunidades brindadas y de haber aprendido de todas y todas las personas y artistas con quienes conviví y establecí un vínculo. A todas ellas, mi agradecimiento y cariño.
  • Nostalgia y rumbo, mi camino hoy lleva dirección, sé a dónde voy, más nunca olvido de dónde vengo.¶ 




  


sábado, 17 de enero de 2026

Dejemos que llegue el final de los tiempos... (borrador de diciembre del 2023 que apenas vió la luz)

Tuve el honor de conocer a John Sevigny, fotógrafo estadounidense a quien conocí a través de redes sociales en 2007 cuando él radicaba en Saltillo y a quien invité a impartir su taller de fotografía callejera en Casa del Artista (Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín), desde entonces entre ambos se entabló una bonita amistad a pesar de no coincidir mucho por la distancia, John ocasionalmente me procuraba aquí en Torreón; John fue un incansable nómada en nuestro país y Centroamérica en la búsqueda de imágenes para incorporar a su amplio cuerpo de trabajo que dio luz varias publicaciones; desde entonces siempre mantuvimos contacto a través de mensajería electrónica y las mismas redes sociales, por lo que cada dos o tres años, volvimos a concordar reunirnos aquí en Torreón.

 En 2010, repitió la experiencia, regresó a La Laguna para la presentación de su libro Un muerto pare el santo en la Casa del Artista y en la universidad donde impartía clases, la Ibero Torreón, este año la violencia llegó al punto álgido pero eso no frenó del todo nuestra promoción de la práctica fotográfica callejera con su libro.

De igual manera en 2012 nos volvimos a reunir, en esta ocasión con un taller de Fotografía Callejera y Composición también en Casa del Artista, generalmente a su llegada era ponernos al corriente de andanzas al calor de unas heladas cervezas en alguna cantina lagunera, departiendo con sus siempre interesantes anécdotas.

Pasó el tiempo y durante la pandemia de COVID-19 me enteré de que estaba en El Salvador, Honduras y Guatemala, posteriormente coincidiríamos a través de redes sociales y una reunión virtual y retomaríamos charla a través de Zoom o Meet. Luego del encierro pandémico, John retornó al país, con más material y anécdotas, como el de su secuestro y su pasión aventurera de registrar lugares de cierto riesgo como bares y cantinas.

Entre 2022 y 2023 acordamos reunirnos en La Laguna para la presentación de su más reciente material y la próxima salida de su último libro. En Mayo del mismo año nos reunimos en Torreón, realizamos su presentación de libro Let the good times roll (Deja que llegue el final de los tiempos) en Café Canijo de Lerdo, Dgo., y se llevó a cabo un taller de foto de calle express muy práctico con un pequeño grupo entusiasta entre amistades de ambos y estudiantes míos. Al cabo de 3 días John retornaba a Saltillo, Coah., para continuar su itinerario hacia CDMX, con la promesa de vernos en otoño para presentar el último libro físicamente: League of the Dead (La Liga de los muertos).

Gran sorpresa del destino que, sabiendo que ya había comenzado a presentar su libro en CDMX, el 05 de noviembre por la tarde repentinamente recibo una llamada de quien se identificó como su pareja para darme una estrujante noticia: John había fallecido.

Para mi fue increíble la noticia, John mi maestro de foto callejera y amigo había trascendido a otro plano, el plano de la luz que añoramos quienes laboramos con ella, la luz que buscamos como sinónimo de verdad en la absurda realidad que nos acoje. 

"Todo profeta de la fatalidad necesita dos cosas: instrucciones de algún dios o diosa y un par de ojos atentos para ver el triste y lamentable estado del mundo" estas fueron algunas de las palabras en el penúltimo libro de John Sevigny. 

Nacido en Miami en 1969, John Sevigny fue fotógrafo, escritor y docente. Se desempeñó como reportero y fotógrafo de Associated Press y EFE News. John realizó más de 50 exposiciones individuales incluyendo muestras en Estados Unidos, Países Bajos, México, El Salvador, Guatemala y participó en innumerables exposiciones colectivas en todo el mundo. Sus impresiones artísticas se encuentran en colecciones públicas y privadas de todo el mundo. De su autoría fotográfica plasmada en libros de fotografía están Callejón de Milagros (2020), Fuego del cielo (2019), El Muerto Pare el Santo (2010), Let the End Times Roll (2022) y League of the Dead (2023).

Me falta un amigo (uno más), un maestro (entre otros maestros acaecidos previamente), me falta un cómplice de fotografá de calle, John te fuiste repentinamente, como la blanca niña que nos sorprende para acompañarla y que no falla en su empeño de no dejarnos ir.

Hasta pronto querido John, ¡dejemos que llegue el final de los tiempos!.

 

viernes, 16 de junio de 2023

Los mamones de Jairo

 

Don Jairo, platicando en su casa aquel Viernes Santo, previo 
a la Procesión del Silencio en Viesca, Coah.
C
onocí a Don Jairo en el verano de 2015. En ese entonces fuimos al municipio de Viesca, en el estado de Coahuila, buscando los dichosos mamones, unos panes que se producen en este pueblo mágico ubicado en el semi desierto de la Región Lagunera; pues la idea era realizar un trabajo documental como ejercicio del taller Memoria Óptica que estaba impartiendo mi amigo y maestro “Don Apa” Mariano Aparicio, ejercicio que llevaría a cabo Javier Rivera, también amigo y alumno de este taller.

Preguntando por esta delicia de postre, la referencia obligada fue Santos Jairo López Juárez quien junto a su esposa, los elaboraban de manera artesanal, así como también los tradicionales dulces de leche quemada y nuez. Fue así que dimos con la casa de Don Jairo donde nos recibieron con gran amabilidad y nos permitieron realizar el registro fotográfico, además de disfrutar de su bello jardín, lleno de árboles y macetas, el cual incluía algunos animales, como tortugas en un pequeño estanque donde varias de ellas posaban entre sombra y sol; varias jaulas de diferentes tamaños con canarios, chenchos, un pavo real y lo que más llamó mi atención, un cuervo enorme que ocasionalmente entre graznidos llamaba a Don “Jairo”.

Desde entonces la casa de Don Jairo se volvió visita obligatoria cada ida a Viesca, fuera por gusto o por excursión al llevar a mis alumnos, y no se diga en Semana Santa el Viernes Santo, cuando se realiza la Procesión del Silencio en Viesca. En 2016-2017, tardíamente me enteré de que su esposa había fallecido. Así continuamos visitándole los siguientes años; Don Jairo nos decía que estaba bien más era notorio que extrañaba a su esposa. Por mi parte volví a Viesca cada vez que había oportunidad, hasta que llegó el 2020, con este la pandemia y por tanto, el confinamiento además del obligado home office. Por los siguientes dos años tampoco me fue posible regresar, más tuve muy presente a mi amigo Don Jairo.

Este 2023, fue diferente y aproximándose la Semana Santa, me dispuse a organizar, un pequeño grupo de alumnos y entusiastas, para ir a Viesca, obviamente lo primero que planeé al llegar al pueblo, fue buscar a Don Jairo. Mucho me alegró encontrar a Don Jairo, quien nos recibió con mucho gusto, sorprendiéndome que aún me recordara, pues había pasado tiempo e imagino la gran cantidad de visitas y personas que conoció, aún así, le dio gusto vernos y nos invitó a pasar, platicamos un rato en su jardín, a la vez que nos percatamos de la ausencia del cuervo, el pavo real, los canarios, las tortugas y las macetas ya eran pocas, y la vegetación se veía descuidada; notoria era la ausencia de su mujer además de notar también que estaba más delgado y sus manos deformadas con varias bolitas posiblemente a causa de artritis. Don Jairo acababa de entregar ese día su producción de mamones y dulces, aquel viernes no pudimos degustar de esas delicias, por lo que dijimos aDon Jairo que luego le llamaríamos para hacer un pedido y volver a visitarle. 

El tiempo y las actividades me absorbieron nuevamente, el ahorita o el mejor mañana no se detuvieron, luego de casi dos meses, pasó lo que aquel día intuí al verle, el 22 de mayo, mi amigo Don Jairo partió para reunirse con su mujer y su cuervo; yo deseo y confío, que no haya sufrido, que su reunión haya sido grata y sin dolor. Hace unas horas buscando unas notas que hace algunos años publiqué en Facebook, la red repentinamente me llevó a una nota de un grupo de Viesca al que no pertenezco, pero que hizo enterarme de este triste suceso, me estremeció y me hizo consciente de cómo vuela el tiempo

Don Jairo fue incansable, se dedicó al box de manera local y destacó ganando premios, se casó y dedicó su vida a su pareja, juntos mantuvieron una tradición gastronómica artesanal, herencia de saberes de familia transferidos de generación en generación, que contribuyó a que Viesca lograra la denominación de pueblo mágico. La tradición que obraba Don Jairo quizá se haya perdido, espero que no sea así; lo que más extrañaré son las anécdotas que nos compartía Don Jairo, así como el gran ejemplo de laboriosidad y constancia de una persona cuya generación acostumbraba a ser así, a no rendirse, de entregarse y poner el corazón a su labor; se ha ido un amigo, un gran anfitrión y gran persona, descansa en paz querido Jairo, nos hemos de volver a ver.
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domingo, 14 de mayo de 2023

Y busqué hasta el fin

Y busqué hasta el fin 1/3 
Una tarde hace casi 10 años, que recibí de obsequio una caja con objetos, entre los cuales contenía una cámara fotográfica, entre documentos de identidad, algunas facturas, fotos de credencial, cajas con papel fotográfico, pequeños instrumentos peculiares y antiguos, correspondencia en chino, una cajita y un sobre con lo que parecían negativos de nitrocelulosa algunos un poco agrietados, entre otras cosas.

Ese día, mi suegro José Emilio Yee Wah, dejó en custodia a Esther, mi esposa, y a mi, esta arca del tesoro, y en mi la responsabilidad de hacer con esto algo, promesa de poner un día en algún punto de la historia, el quehacer de su padre Emilio Yee Tang, a quien perteneció este diminuto acervo y equipo fotográfico.

Y busqué hasta el fin 2/3
Fue así como quedé inmerso en el misterio de la vida del abuelo Emilio, quien entre las pistas que me regaló mi suegro, busqué traducir algunas cartas, ligar las fechas de los documentos con sucesos históricos locales, ver el registro de extranjeros del archivo municipal, y hasta leer acerca de un suceso que desde niño escuché en anécdotas de mi abuela quien viviera de cerca la revolución, este es la Masacre de Chinos en 1911 en Torreón

Sin embargo, más importante me pareció la vida de Emilio y el cómo libró las viscisitudes de la vida además del hostigamiento del que fueron objeto los migrates chinos durante décadas en el país y en la Región Lagunera

La vida de Emilio me hizo empatizar e identificarme con él, tratar de saber cómo se apasionó de la imagen pero no continuarla, y con ello dejar muchas reguntas al respecto, pues le dedicó tiempo y esfuerzo; evidencias son las fotos que poco a poco fui desvelando al positivar digitalmente, las tarjetas de fórmulas, los accesorios de laboratorio y la inversión que realizó en todo esto. Seguro no fue una vida sencilla, menos combinar quizá la afición y la vida misma.

Fue así que a través de anécdotas, la historia, la memoria de sus hijas, pues mi suegro hace 4 años que falleció; que he ido hilvanando, a través de todo esto y el contenido del arca en mis manos, una historia de vida con la queme identifico por la fotografía y a la vez encuentro no muy diferente, la lucha por ser mejor; pero para nada imagino qué es enfrentar la discriminación y violencia que muchos de sus paisanos sufrieron y quizá el mismo Emilio sobrellevó.

Y busqué hasta el fin 3/3
¿Y qué tiene qué ver Emilio conmigo? Nos une la fotografía, al menos sigo luchando por lograr mi sueño en dedicarme de lleno a ella, nos unen lazos de familia, Esther su nieta, pero más la motivación por el éxito de lograr nuestras metas y dejar huella en aquellas y aquellos que nos sucederán.

Mi búsqueda sigue y entre más encuentro información, más me apasiono de esto, encuentro similitudes en lo poco que sé de mi familia, mis propios orígenes y la importancia de conocerlos para entenderme más, mi sentido de ser.

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Fragmentos de la canción “Y busqué” de Rozalén ©️ bit.ly/RozalenYBusque

 Texto de “Y busqué hasta el fin” elaborado en septiembre de 2021 por Esther Yee y Miguel Espino, proyecto resultante de ejercicio de Taller de Foto-per-zine “Mi selfie favorita” - Autoeditoras: hacemos femzines! - Gelen Jeleton, Iurhi Peña y Berenice Medina - EFOLIO.003. Articulaciones y montaje - Centro de la Imagen



   



domingo, 7 de mayo de 2023

Otro cumpleaños, tía Tere


Mi tía Tere en uno de sus últimos cumpleaños.
Detrás de ella uno de los libreros con sus libros.
H
oy es el cumpleaños María Teresa, mi tía más querida, mi tía Tere, quien hace 2 años falleció, víctima de esta revolcada llamada COVID19.

Mi tía es el motivo porque me interesa la música, la lectura, la historia y fue ella quien me introdujo en cierta manera al arte a través de los libros que ella atesoraba: enciclopedias, novelas clásicas, libros de historia y discos de música de vinilos LP. La sala de casa de mi abuela fue uno de mis lugares favoritos desde que llegaba de la escuela, luego de hacer la tarea, me tiraba en el sillón individual y leía mis historietas, y conforme avanzaba, me gustaba consultar las enciclopedias para consultar y/o corroborar algunas cosas que me interesaran de la lectura. Por ejemplo, una de mis historias favoritas fue de una especie de cómic acerca de la novela de Miguel (Michel) Strogoff de Julio Verne, con la que mi imaginación volaba a tan remotos lugares de la Rusia zarista, mientras simultáneamente escuchaba uno de sus discos que más disfruté, el del Mandolin’ Club de Paris - A Través de Rusia, el cual era para mi como la banda sonora de mi historieta. De igual manera, en la enciclopedia Quillet, también propiedad de mi tía, buscaba qué era el hidromiel, dónde quedaba Tomsk e Irkutsk, quienes eran los tártaros y así todo lo que me llamaba la atención y desconocía. Fue de este modo que pasaba las tardes antes de salir a jugar con mis amigos, quienes se deleitaban de estas historias que luego les contaba mientras jugábamos. 

Muchos de mis historietas, con el tiempo, los descuidos y algunas mudanzas se fueron perdiendo, sin embargo mi madre un día me obsequió una colección de libros con las novelas clásicas de varios autores, entre ellos, Julio Verne. Pasó el tiempo y esos libros de mi tía, por alguna razón, también fueron desapareciendo de su librero, no sé si los obsequió o los vendió, pues le daba por deshacerse de aquello que le parecía obsoleto.

Gracias a esas lecturas y la memoria pues no se olvida fácil lo que nos gusta, que cuando visitaba a mi tía, no faltaba una referencia a aquellos recuerdos de esos libros que fueron parte de mi aprendizaje. Me fascinaba ir a platicar con ella acerca de las experiencias que iba teniendo en la adultez, la docencia y la fotografía, y me encantaba que ella me diera su parecer, pues siempre tenía un consejo o sugerencia, además de platicar anécdotas respecto a mi abuela.

Mi tía desde hace unas décadas comenzó a padecer Lupus y posteriormente EPOC, por lo que cuando llegó la pandemia debió tener muchos más cuidados ante su vulnerabilidad. Sin embargo, siempre antepuso el bienestar de sus hermanos al de ella misma; cuidaba a mi tío Beto y aún en pandemia le acompañaba a sus citas al IMSS.

Unas semanas antes de que enfermara, platicaba con ella por teléfono acerca de cómo le agradecía que me hubiera contagiado en mi infancia, de la afición por la filatelia, la cual abandoné por tiempo, pero en el encierro encontré un álbum y le encontré utilidad. Platiqué de proyectos respecto a memoria e identidad y le decía que no se deshiciera de álbumes de fotos familiares pues pronto pretendía trabajar con material de ellos, más era demasiado tarde, ya había regalado de estos meses antes. 

Le decía que quería hacer unas foto a ella, a mi tía Coco y a mi tío Beto, pues fueron de los tíos más cercanos en mi infancia y toda la vida. Nunca imaginé que días después serían los últimos en que les vería; en un descuido se contagiaron de algún modo de COVID19. Tere y Beto presentaron los síntomas y en un par de días empeoraron y en menos de una semana fallecieron, sólo mi tía Coco quien fue la última en presentar síntomas, milagrosamente sobrevivió, no la contábamos pero luego de semanas bajo tratamiento y supervisión se recuperó. Pasaron meses en que volviera a visitar su casa, desde entonces más que nunca, ver el librero con algunos de los libros de mi tía Tere inmediatamente me remontan a mi infancia, viniendo a mi sonidos de Chopin, Tchaikovsky, Concierto de Aranjuez, Dolores Pradera, Richard Claiderman, Ray Conniff, por mencionar entre muchos otros con los que también la recuerdo.

Mi tía, en una visita a su casa en 2019.
Sin duda mi tía Tere sería el último eslabón que me acercaba a mi abue, no por el lazo de sangre, sino en el sentido de con quien platicar acerca de las anécdotas, historias de la familia y no se diga de las lecturas, además de recordarme episodios de mi infancia, que inmediatamente me regresaba a las bellas experiencias con mi abuela Otilia. 

Hoy en su día, con mucho agradecimiento solo me resta recordarla con aquella sonrisa que le caracterizó. A mi abuela y a ti, tía Tere, las tengo siempre muy presentes; ¡feliz cumpleaños tía Tere! ¡Por favor dale mis saludos a mi abue!

§




lunes, 24 de abril de 2023

“Dieser Weg” de la vida


Letargos de Arcilla. Ladrilleras, Matamoros, Coah. 2007.
E
s curioso como uno va olvidando detalles conforme pasan los años, sin embargo algunas redes sociales, principalmente Facebook, se encargan de mostrarnos recuerdos en algunas fechas.

Hoy, repentinamente me llevó a ver mis publicaciones de más de una década, y entre ellos me recordó una canción de Xavier Naidoo que en ese entonces me gustó mucho y que nunca entendí qué decía por estar en otro alemán, pero que de alguna forma tanto el video y su ritmo me llamaron la atención, dándome una idea general que interpretar.

Por tanto, hoy me dispuse a hacer uso de las variadas herramientas con que contamos en los dispositivos, como el traductor de Google y logré una traducción más apegada a la canción misma.

La canción me gusta más ahora que sé que dice y que va muy acorde a lo que me ha sucedido en más de una década, tanto en lo personal como en lo laboral, específicamente la fotografía, pues el camino que andamos finalmente integra todas nuestras decisiones.

La canción Dieser Weg, encierra algo como los consejos que nos dan los adultos cuando somos pequeños y carecemos de experiencia, que son obvios pero que en su momento no tomamos en cuenta, hasta que tropezamos y detenemos el paso para ver qué nos pasó y si continuaremos.

Me alegra que, entre los consejos y la intuición, lograra sobrellevar los obstáculos y todo lo que interfirió en algún momento para que me detuviera, pudiendo enfocarme en las metas. No ha sido fácil, la vida es eso, retos que afrontar, aprendizajes que asimilar y la belleza de esta radica en aprender y continuar caminando, trabajando para alcanzar nuestros anhelos; no en vano así ha sido mi caminar por la imagen y la fotografía, aprendiendo y transformándome paso a paso, hoy mi perspectiva es otra.

La vida continúa y el andar también, dónde me lleva el camino es lo atractivo, no queda más que seguir avanzando, entre mis expectativas y lo que finalmente encontraré, si se materializarán mis sueños o si cumpliré todas mis metas. Hoy estoy seguro que lo que sea que encuentre, bueno o malo, vale más que mis expectativas, por el aprendizaje y sobretodo las experiencias.

Mientras, dejo por aquí esta canción que me acompaña en el camino, como un recordatorio que me dice: “no te detengas, no dejes de andar”.

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Este Camino (Dieser Weg) — Xavier Naidoo 


Yo recorría este largo camino, y el camino me guiaba. 

La canción que cantabas la última noche sólo sonaba dentro de mí.


Un par de pasos más y entonces me encontraba allí con la llave de esa puerta.
 
Este camino no será más fácil, este camino será pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.
 
Sólo fue un pequeño pestañeo, un momento en el que yo no estaba allí.
Después di un pequeño paso y entonces lo vi claro.
 
Este camino no será más fácil, este camino será pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.
 
Muchos te traicionan, muchos te aman, muchos se entregan a ti.
Muchos te bendicen, no arrían las velas cuando el viento enfurece el mar.
Muchos te traicionan, muchos te aman, muchos se entregan a ti.
Muchos te bendicen, no arrían las velas cuando el viento enfurece el mar.
 
Este camino no será más fácil, este camino será pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.
 
Este camino no será más fácil, este camino será pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.
 
Este camino... este camino es pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.

 
Este camino.

 §