miércoles, 29 de julio de 2026

Camino Real de Tierra Adentro y la festividad del Milagroso Señor de Mapimí

Procesión de carretas procedentes del Cañón de
Jimulco, Coah., rumbo a Cuencamé, Dgo. (ME)
Hoy hace 13 años tuve la oportunidad de presenciar y conocer la bella festividad del Milagroso Señor de Mapimí en Cuencamé, Durango. Fui parte de un pequeño equipo formado por la Unidad Regional de Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas que se desplazó con el objetivo de documentar esta festividad. Durante los primeros días de agosto recorrimos desde Jimulco hasta Cuencamé, el camino a través de la Sierra de Jimulco a la,par de la procesión de carretas con los fieles que cada año se desplazan para alabar al Señor de Mapimí patrón de los viajeros. Fue una experiencia muy emocionante, el fervor que los fieles le tienen, ver las danzas y la concurrencia durante todo el día en la Parroquia de San Antonio de Padua que alberga esta milagrosa imagen, además de que en esa ocasión coincidiera la tradicional feria de la ciudad a escasas cuadras de la Parroquia, congregó gente de diversas partes del pais y fuera del mismo, en especial de los Estados Unidos. Cabe destacar que Mapimí y Cuencamé son puntos que integran del Camino Real de Tierra Adentro que inicia en el centro del país y culmina en Nuevo México.

Por cierto, cuatro años después de esta experiencia en Cuencamé, se coeditó un libro titulado Cinco siglos de identidad cultural viva Camino Real de Tierra Adentro. Patrimonio de la Humanidad., del cual comparto el siguiente texto que describe esta fiesta patronal y su origen:

Las fiestas tradicionales y su papel en el intercambio social

Las fiestas tradicionales desempeñan una importante función de cohesión social porque fortalecen la identidad cultural de quienes participan en ellas. La organización interna de las fiestas está vinculada a la estructura económica, política, social, religiosa y simbólica de la comunidad. En gran medida se llevan a cabo en relación con ciclos naturales y actividades productivas importantes, o se relacionan con fechas religiosas.

La fiesta es un espacio mágico religioso; en ella se establecen acuerdos, compromisos y alianzas que repercuten directamente en la dinámica cotidiana de la colectividad. A continuación, revisaremos algunos ejemplos de la importancia local y regional de las fiestas tradicionales.

El real de minas de San Antonio de Cuencamé y el de Mapimí tienen en común el haber sido fundados por los mismos misioneros jesuitas y el compartir una de las tradiciones religiosas más importantes de la Nueva Vizcaya desde el siglo Xviii: la veneración del Señor de Mapimí.

Relata la historia que en el año de 1715, un jueves santo, cuando los españoles del Real de Mapimí realizaban una procesión cargando la imagen, sufrieron un devastador ataque de tobosos y cocoyomes. Un grupo logró escapar llevando consigo la imagen y se encaminó hacia la población de Parras, atravesando la Sierra de Jimulco, sitio en donde encontraron un lugar propicio para ocultar la imagen. En un informe posterior, se consigna que dicha imagen fue encontrada por unos soldados “escolteros” que siguieron a una indígena que la visitaba. Posteriormente, el Cristo fue trasladado a Cuencamé, el 6 de agosto de 1715.

También cuenta la leyenda que, a pesar de los intentos de los pobladores de Mapimí por recuperar su imagen, no pudieron porque cada vez que se pretendía moverla, ésta se hacía pesada, imposibilitando su movimiento, lo que fue interpretado como que el Señor de Mapimí no deseaba salir de Cuencamé.

La peculiaridad de la festividad en honor al Señor de Mapimí la constituye la peregrinación de carretas. Nos dice el recopilador Anacleto Hernández Hernández que cada año, desde los días 3 y 4 de agosto, los habitantes de la región de la Sierra y el Cañón de Jimulco viajan, agregándose a su paso peregrinos de las poblaciones vecinas. El 5 de agosto, la caravana es recibida a la entrada del pueblo; a la media noche se efectúa el ritual de adoración al Señor de Mapimí, que incluye alabanzas, eucaristía, danzas y canto cardenche. La fiesta termina el día 7, en el que la imagen vuelve a ser colocada en su lugar y donde permanecerá hasta el próximo miércoles santo, fecha en que, de acuerdo con el reglamento de la Cofradía que se encarga del cuidado de la imagen, puede volver a ser bajada.

Las fiestas religiosas siempre fueron para los pueblos momentos de afluencia de gente de diversos lugares que se reunían para participar en misas y procesiones, pero también para intercambiar los diferentes productos de que disponían. Buena parte del lucimiento de las fiestas consistía justamente en su éxito comercial.

LA TRASCENDENCIA DE LA FIESTA DEL SEÑOR DE MAPIMÍ
Cuencamé, Durango 
Peregrinos esperando entrar a Cuencamé, Dgo. (ME)
Entre el 28 de julio y el 7 de agosto, se efectúa un novenario en Cuencamé, en el templo de San Antonio de Padua, sitio donde se resguarda la imagen, alrededor de la cual se formó hace tiempo, la tradición afirma que en 1719, la cofradía del Santo Cristo Señor de Mapimí, que se encarga de bajarlo del altar para acostarlo sobre una mesa colocada al centro de la iglesia.

Además de la tradicional peregrinación de familias en carretas procedentes del Cañón de Jimulco, acuden visitantes llegados de diferentes puntos de México y de regiones de Estados Unidos como Chicago, Atlanta, California, Texas, Nuevo México y Colorado, que desfilan en carros alegóricos o a pie, acompañados de bandas de música y grupos de danzantes que ejecutan piezas como la Danza de los Matachines, la Danza de la Pluma, La Danza Apache y, no podía esperarse menos, la Danza del Señor de Mapimí. El 6 inicia con “Las mañanitas” porque es el día de la gran fiesta, la música y las danzas continúan a lo largo de la jornada. A la siguiente mañana, después de escuchar misa y de pasear al Cristo en una procesión por el atrio, los peregrinos emprenden el viaje de regreso.

El Señor de Mapimí. (ME)

Conviene mencionar que en la época virreinal, Cuencamé era el lugar más seguro en el tramo del Camino Real de Tierra Adentro entre Zacatecas y Chihuahua, por lo que los viajeros paraban ahí para pedir la protección del Señor de Mapimí antes de continuar su recorrido hacia el norte, donde el acecho de los tobosos, los cocoyomes y los comanches era una amenaza constante.

Por esa razón, durante mucho tiempo, la imagen también fue conocida como el Señor de los Viajeros.

Canto de despedida al Señor de Mapimí
(fragmento)


Ya se van tus peregrinos,
adiós, mi Padre querido,
se van de tu compañía,
con el corazón herido.
Se van de buena salud,
de Topia y de Culiacán,
de Durango y de Santiago,
del puerto de Mazatlán.
Ya se van del Cerro Gordo,
de La Zarca y del Cordero,
dándote mil parabienes,
Padre y Jesús de los cielos.
Adiós rosa de Castilla,
los de Mapimí dirán,
también los de La Laguna
de tu presencia se van.
Todos los de tierra adentro,
se despiden por iguales,
de Chihuahua y Canutillo,
y Santa Cruz de Rosales.

EL SEÑOR DE MAPIMÍ EN NUEVO MÉXICO

A partir de su santuario en Cuencamé, Durango, la devoción al Señor de Mapimí se fue extendiendo hacia el norte, cruzando la barrera natural del Río Bravo y el desierto. Los peregrinos procedentes de Nuevo México, a su regreso del viaje en busca de ayuda y consuelo, ­ fueron dispersando el relato de los hechos maravillosos, los favores concedidos y el agradecimiento, que se expresaron en altares, relatos, danzas como las que se bailan en la región de Albuquerque, y composiciones
populares conocidas como “alabados”, originarias del norte y centro de México. 

Estos son algunos ejemplos de esos cantos, todavía muy populares entre los descendientes de mexicanos:

En tu reino celestial,
estando junto de ti,
cantaré las alabanzas
del Señor de Mapimí,
Ese jardín que allí vemos
y veneramos aquí
es la rosa más frondosa
del Señor de Mapimí.
Los ángeles en el cielo
y los hombres desde aquí,
aclamen el dulce nombre
del Señor de Mapimí.
Campanitas de Belén,
todas repiquen aquí
para adorar y ensalzar
al Señor de Mapimí.
Todos con buen corazón
pidámosle desde aquí,
nos dé la paz y la unión
el Señor de Mapimí.
Yo soy la oveja perdida,
que sospiraba por ti
y viene a que la reciba
el Señor de Mapimí.
Míralo allí en esa cruz,
yo os adoro desde aquí,
el corazón amoroso
del Señor de Mapimí.
Si por mis grandes pecados
estás en la cruz por mí,
espero me ha de salvar
el Señor de Mapimí.
Una corona y tus clavos
pongan al fin hasta aquí,
aclamo a las cinco llagas
del Señor de Mapimí.

La fiesta es un espacio mágico religioso; en ella se establecen acuerdos,
compromisos y alianzas... 

Gustavo F. Solís, Panorama de Mapimí, 1909-1910. El Real de Minas y Villa de Santiago de Mapimí data del 25 de julio de 1598, día de la festividad del apóstol Santiago. Mapimí proviene del término mapeme de la lengua cocoyome y significa “piedra en alto” o “cerro elevado”. Por su localización en las cercanías de la zona desértica del Bolsón de Mapimí, que era refugio de tribus rebeldes, Mapimí estuvo sujeta a varios ataques y despoblamientos a lo largo de su historia. (INAHFN) 604170.

Este libro se puede descargar en línea en el repositorio de INAH del cual comparto el enlace.

Este mismo libro ya va en la segunda coedición y debo también mencionar que incluye 9 imágenes realizadas por mi, 3 de la festividad del Milagroso Señor de Mapimí y el resto alusivas a lugares del Camino Real de Tierra Adentro en el entorno de la Región Lagunera (estados de Coahuila y Durango), 3 de las cuales también comparto en esta entrada del blog.

Como lagunero recomiendo ampliamente visitar el Santuario en Cuencamé y si es posible asistir a la festividad principalmente entre el 4 y 6 de agosto. El año antepasado se realizó una exhibición alusiva con las imágenes de este registro que realicé hace más de una década, la cual puede ser solicitada para exhibición en la oficina de la Unidad Regional de Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas, la cual se ubica en la Casa de la Cultura Ernestina Gamboa de Gómez Palacio. La misma serie incluso puede ser observada en la galería de mi sitio web. No hay como conocer nuestra historia a través de las costumbres y tradiciones que forman parte del patrimonio cultural y que ya es parte del patrimonio de la humanidad.


domingo, 12 de julio de 2026

Don Víctor, su campo de sueños y la cosecha de memorias

El campo de sueños
Hace más de una decada comencé a visitar Ciudad Juárez, Durango, aún hoy conocido como Villa Juárez, municipio de Lerdo. Cada otoño, en vísperas del Día de Muertos, me encontraba con los campos de flores y la cosecha de cempasúchil y mano de león que suelen venderse fuera de los panteones de la Región Lagunera, aunque ignoraba que se produjeran localmente. Fue esa curiosidad por saber más lo que me llevó a recorrer varios campos y a conocer a quienes los trabajaban, especialmente a don Víctor Esquivel García. Además de estimarlo, como a los demás, lo consideré un amigo cercano, pues así me recibió durante los años en que lo visitaba en su labor.

El campo de don Víctor no era el más extenso, pero sí el que más disfruté. Su ubicación le daba características singulares: era una especie de rincón aislado, aunque con el tiempo también se volvió concurrido. Tenía una casita de adobe junto a un árbol, lo que añadía un atractivo especial para quienes lo visitábamos con la intención de hacer imágenes. En este campo se sentía una tranquilidad y una bella energía, era simplemente mágico principalmente al atardecer.

Don Víctor Esquivel García en 2012
Quizá hice muchas fotos similares y recurrentes en cada ocasión, pero disfrutaba cada ocasión que pude hacerlo y para mí cada vez fue única e irrepetible, simplemente ese campo invitaba a capturar ese momento especial; visitar aquel campo se sentía como ir de vacaciones a casa del abuelo. No siempre coincidía con don Víctor por los horarios de mis visitas, pero era muy grato encontrarlo y platicar brevemente con él y con las personas que trabajaban a su lado. Fue en ese campo, el primero que conocí, donde me sentí acogido y familiarizado; y fue también el último en el que pude dedicar tiempo a hacer un recorrido completo con alumnas y alumnos de fotografía, cada fin de octubre. Incluso a la fecha me llegan solicitudes de que avise cuando vuelva a visitar esos campos o en otros casos me han solicitado que comparta la ubicación, no sabiendo que específicamente ese bello campo cedió su espacio a un fraccionamiento moderno.


Ocaso otoñal
Don Víctor, siempre amable, me recibía junto a mis alumnos y amablemente me autorizó a seguir visitando su campo incluso en su ausencia, confiado en que respetaría y cuidaría su producción. Con el tiempo, se familiarizó conmigo al grado de invitarme a la tradicional celebración del Santo Niño de Atocha y San Judas Tadeo que realizaba cada año, en noviembre, con toda su familia, después de los Días de Difuntos. La fiesta culminaba con una deliciosa reliquia que su generosa familia preparaba y compartía con la gente de su entorno. Para mí fue muy especial esa invitación, pues mostró el aprecio que don Víctor me llegó a tener. Aunque no intercambiábamos muchas palabras en mis visitas pues él era un poco reservado conmigo, a pesar de mi insistente curiosidad y preguntas para ampliar mi conocimiento, valoré profundamente los momentos de contemplación en su compañía frente a su majestuoso campo: el silencio de la tarde, el trinar de las aves, el fresco del atardecer, el olor de la vegetación y el radiante colorido del cempasúchil contrastando con la mano de león, y ocasionalmente con las margaritas que también se cosechaban allí en algunas temporadas.

Don Víctor acompañado de Talanga
Don Víctor se convirtió no solo en el protagonista de mis imágenes, sino en un gran amigo al que podía visitar y con quien compartir el silencio del campo mientras acompañaba la contemplación floral en el ocaso. Sin embargo, su campo sucumbió ante el desarrollo urbano y, después de varios años, su lugar fue ocupado por un fraccionamiento campestre. Aún así, Don Víctor siguió extendiendo su generosidad a través de invitaciones a su ferviente tradición del Santo Niño y San Juditas, que me hacía llegar por medio de sus nietas en redes sociales. Lamentablemente, la rutina y las circunstancias me alejaron en los últimos tres años, y ya no pude regresar con él. Supe por algunas personas de Ciudad Juárez que su salud se había deteriorado; el tiempo no perdona, y hace un par de días, por la misma red social, me enteré del fallecimiento de mi querido amigo don Víctor.


Hasta siempre querido Don Víctor
Su imagen no solo queda en mis fotografías y en mi imaginario; para mí el referente más importante que representa a quienes trabajan los campos de Ciudad Juárez, resistiendo el desarrollo urbano de la Región Lagunera. Ellos, cada año, se mantienen produciendo las flores que adornan los sepulcros de nuestros difuntos, junto con otras cosechas de calabacita, repollo, rábano, coliflor, maíz, sorgo y más variedades durante el resto del año. Don Víctor fue un incansable trabajador de la tierra, ferviente del Santo Niño de Atocha y San Judas, no se diga de su familia, incansable que no podía estar quieto, sin duda un ejemplo de figura paterna. 


Talanga
Aún hay en Ciudad Juárez varios campos de flores que visitar este año así como otras amistades que también logré  con el paso de los años durante mis recorridos por los demás bellos campos en que estuve registrando el proceso de la producción de cempasúchil, mano de león y demás flores para el Día de Muertos. No sé Talanga aún exista o ronde en búsqueda de otro campo, solo sé que hoy hay otra ausencia que aflige, creo que al igual que Talanga hoy me falta un amigo irreemplazable. Por ahora Don Víctor y su campo permanecerá hoy más que nunca en el imaginario de mis recuerdos favoritos del otoño y la víspera del Día de Muertos.