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De esta agua no beberé… y terminé bebiendo

Clase de foto en Ibero
Cuando estudiaba la licenciatura en Sistemas Computarizados e Informática en la Universidad Iberoamericana, tuve más de una mala experiencia con algunos de mis profesores. No solo por su forma de enseñar y ni se diga de  sus criterios de calificar, sino por aquellos que juzgaban y jugaban con la psicología y se jactaban de ser "los filtros de la carrera". Desde entonces juré: nunca sería profesor, jamás me dedicaría a la docencia.

Pero la vida da vueltas. Durante algunos semestres y principalmente previo a egresar, conocí también a profesores que impartían sus materias con una pasión que contagiaba. Asistir a sus clases era un placer, e incluso hice amistad con algunos. Fue entonces cuando empecé a comprender que aquellas actitudes temibles que había enfrentado no nacían de la maldad, sino de la formación que ellos mismos habían recibido. Eran, simplemente, el reflejo de lo que les enseñaron.

Al egresar, me enfrenté a la realidad de muchos recién titulados: falta de experiencia y, por si fuera poco, salarios bajos. Fue entonces cuando uno de esos maestros que me inspiraban, con quien había hecho amistad, me invitó a impartir una clase en la universidad donde él trabajaba, la Universidad Autónoma del Noreste. Necesitaba el ingreso extra, así que acepté. Me presenté, hice la prueba… y el resto es historia.

Las primeras clases fueron un manojo de nervios. Pronto descubrí que la docencia era mucho más compleja que exponer un tema: había que mantener el interés de los alumnos, motivarlos, tener paciencia y, sobre todo, tolerancia al error, empezando por el propio. Poco a poco fui habituándome. Me invitaron a impartir más materias, recibí capacitaciones pedagógicas junto con otros docentes y, sin darme cuenta, empecé a sentirme como pez en el agua.

Entendí entonces que la docencia no era sencilla. Era, ante todo, una gran responsabilidad. Si no te gustaba, era fácil caer en el patrón de aquellos maestros que había aborrecido. Pero si disfrutabas lo que enseñabas, podías adoptar la actitud contraria: motivar, inspirar.

Me mantuve varios años en esa universidad (UANE), la misma donde había cursado la preparatoria,  hasta que el trabajo en una empresa financiera me absorbió por completo. Sin embargo, en cuanto pude, acepté una nueva invitación y regresé a las aulas.

Fue en esos años, mientras cursaba una materia de la maestría en la misma universidad donde había estudiado la licenciatura (Ibero), que algo inesperado ocurrió: la fotografía cruzó mi camino. Me entusiasmó de tal manera que, en mis tiempos libres, me escapaba a la biblioteca a buscar bibliografía especializada. La biblioteca tenía un fondo magnífico de arte y técnica fotográfica, y así, de forma autodidacta, empecé a formarme en este nuevo mundo.

Para 2004, tomé una decisión importante: gradualmente, comenzaría a dejar atrás los sistemas para dedicarme a la fotografía. Dos años después, ese camino me llevó a conocer a dos artistas con quienes trabé amistad. Al año siguiente, ellos me animaron e invitaron a formar parte de un proyecto que promovía la creación artística: la Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín. Fue ahí donde mi forma de apreciar la fotografía cambió para siempre.

En la Casa del Artista, surgió la oportunidad de impartir talleres en las disciplinas que los creadores desarrollaban. Fui de los primeros en animarme a ofrecer un taller de fotografía en aquella sede. Al año de haber comenzado, recibí una invitación que me llenó de entusiasmo: impartir clases de fotografía en la carrera de Diseño Gráfico de mi alma mater, la Ibero de donde había egresado. Para mí fue un intercambio valiosísimo: mi conocimiento dialogaba con el de los aprendices de diseño. De nuevo, recibí capacitaciones pedagógicas junto con otros docentes, y durante varios años me dediqué a la enseñanza haciendo lo que más me gustaba.

Recuerdo con especial claridad una de esas capacitaciones, esta vez sobre vida ignaciana. En ella coincidí con algunos profesores veteranos a quienes había temido en mis años de licenciatura. Ellos no me recordaban, pero yo a ellos sí. Durante una sesión en la que se insistía en la importancia de un trato digno y tolerante hacia los alumnos, ellos manifestaban su resistencia a ese cambio: defendían el patrón de ser enérgicos e intolerantes. Fue entonces cuando comprendí que esa era su naturaleza, y que no se podía exigir lo que no podían dar.

La docencia siguió abriéndome puertas: talleres de difusión cultural, un diplomado de fotografía que más adelante coordiné, clases en la licenciatura… hasta que llegó la pandemia y cambió las reglas del juego.

Paralelamente, durante los años en la Casa del Artista continué con mis talleres. En 2015, al independizarme, encontré un proyecto que me apasionó profundamente: el Colectivo Comunitario de Fotografía, una iniciativa federal que dependía de Culturas Populares e Indígenas. El reto era mayúsculo: enseñar a niños y adolescentes a fotografiar. Aquello exigió una paciencia y una tolerancia que no sabía que poseía, pero depositaron su confianza en mí y pude llevarlo a cabo.

Esa experiencia me condujo a otro proyecto, esta vez municipal, con un estímulo tripartita. Aquí volví a trabajar con adultos, específicamente con mamás de los alumnos del colectivo. Fue otro magnífico aprendizaje.

En 2018, con el cambio de sexenio, fui invitado a colaborar en una versión actualizada del proyecto colectivo, ahora bajo el programa Cultura Comunitaria de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México: los Semilleros Creativos. Allí estuve casi cinco años, hasta que decidí volver a la independencia, a ser freelance, como dicen ahora.

No cabe duda: es difícil decir "de esta agua no beberé". Y no me arrepiento de haber bebido. La docencia me llevó por caminos que nunca imaginé, me enseñó muchísimo y me transformó. Aquella aversión hacia ciertos profesores se convirtió en el impulso para intentar ser el maestro que a mí me hubiera gustado tener. Y me aferré a dos frases ignacianas de mi alma mater: En todo amar y servir y no formar a los mejores del mundo sino a los mejores para el mundo.

Ayer, entre los recuerdos de Facebook, apareció una imagen de 2007. Me transportó a aquellos días en las clases de diseño, al juego en la enseñanza, y sonreí. Cómo olvidarlo.



La Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín a casi 19 años de su creación...

¿Quién recuerda la extinta Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín? Hace casi veinte años, en 2006, Rogelio Madero de la Peña y Pedro Luis Martín Bringas visualizaron un proyecto que pronto dejaría de ser idea para volverse realidad: crear un espacio donde los artistas coahuilenses pudieran desarrollar su talento, recibir apoyo y promover su trabajo. Una especie de cofradía que reuniera en un solo lugar a los creadores laguneros, dándoles la oportunidad de crear, compartir y vivir plenamente su vocación. El encuentro: Corría 2007. Rogelio Madero y su hijo David elaboraban el Manto de la Virgen en un terreno sobre el bulevar Independencia, cerca de las oficinas de Pedro Luis Martín Bringas, cuando tuve el gusto de conocerlos y registrar parte del proceso de creación de aquella monumental escultura de acero.

 

Conversando con Rogelio y David, el primero me habló de un proyecto que estaba por nacer. Amablemente me invitó a conocer las futuras instalaciones de lo que sería la Casa del Artista. El edificio pasaba de obra negra a los detalles finales. En semanas siguientes se llevaría a cabo la selección de cubículos y la asignación de espacios para quienes tomarían posesión del lugar.


Entre los primeros, quienes se sumaron a esta propuesta encabezada por Rogelio Madero (escultura) y David Madero (escultura), se encontraban Marianto Aparicio (pintura en porcelana), Aida Chamut (pintora), Liliana Lobo ✝ (fotógrafa), Gloria Banda ✝ (pintora), Liliana Barrera (pintora), Lorena Holguín (artista plástica), Rowena Morales (artista plástica), Bibi Guerra ✝ (pintora), Héctor Moreno Robles (fotógrafo), Ramón Reveles Prieto ✝ (pintor), Fernando Ibarra (pintor), Rafael Aguirre (pintor), Freddy Peniche (pintor y escultor), Luis Montelongo ✝ (escultor), Álvaro Castaño (escultor), Gerardo Beuchot (pintor), Jesús Siller (artista plástico y restaurador), Oswaldo Luévano (pintura y joyería rústica), Sergio Pérez Corella (pintor), Guillermo Colmenero (escultor), Diego Raigoza (fotógrafo), Alfredo Esparza Cárdenas (fotógrafo) y quien esto escribe. Y algunos más, cuyos nombres el tiempo ha vuelto borrosos, pero no su presencia.


Al cabo de un año, algunos de los artistas mencionados decidieron marcharse, como el flujo de la vida las personas también entran, salen, se mueven, su salida dio oportunidad a nuevos creadores como Laura Covarrubias (pintura), Paulina Delgado (joyería de plata), María Teresa Morales (cerámica), Andrea Alvarado (artista visual), Eduardo Rodríguez Calzado (artista visual), Agustín Castillo (artista visual), Evelio Moreno (artista plástico), Henry Reyes (pintura), Alfredo Cortés (grabado), Rafael Blando (fotografía), Enrique Leal (artista plástico) y Alonso Licerio (grabador). La Casa del Artista era un organismo vivo.


Mi estancia se extendió desde 2007 hasta 2015, cuando decidí continuar mi camino de manera individual. Ocho años de exposiciones, talleres, subastas, ferias. Ocho años de convivencia, de diálogo entre disciplinas, de crecimiento mutuo. Ocho años viendo cómo el espacio siempre estuvo abierto para compartir con personas ajenas a la Casa, impulsando así el quehacer cultural y artístico de la Comarca Lagunera. La Casa logró algo difícil: concentrar a creadores de diversas trayectorias, propiciar el encuentro, generar resultados. Permitió que artistas locales se proyectaran más allá, en museos y galerías a nivel nacional. También recibió a artistas huéspedes, que presentaron su trabajo y dejaron su huella. 

 

Lo que queda a estas alturas de aquella cofradía ya no existe. Algunos de los artistas seguimos en contacto. Otros hemos vuelto a coincidir en distintos espacios. Algunos más abandonaron este plano terrestre, pero permanecen en la memoria. Bibi, Liliana, Gloria, Ramón, Luis... ellos ya no están, pero su obra y su presencia siguen. Quienes aún estamos aquí continuamos en pie, trabajando, resistiendo, buscando superarnos cada día. 


Yo comenzaba en la fotografía. Buscaba mi camino mientras incursionaba en el retrato social y la fotografía de producto, y al mismo tiempo registraba temas de mi interés: el acontecer urbano, la vida cotidiana, en busca de una narrativa de índole social. Mi conocimiento fotográfico era más técnico que conceptual. Pero algo en aquel encuentro empezó a moverse. 


Hace un par de semanas fue grato reencontrarme con el sitio de Blogger donde comencé a difundir este proyecto. Luego, el espacio adoptó un dominio propio y posteriormente migró a WordPress. A inicios de 2016 el dominio expiró y el sitio se perdió. Pero la memoria encuentra caminos, hoy, el servicio Wayback Machine de Internet Archive conserva un testimonio de lo que alguna vez fue la Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín. No es un sitio funcional, pero muestra el rostro que tuvo. Y hay más: el blog original en Blogger, aquel donde todo empezó, sigue en pie. Es más funcional, más accesible, un puente directo a aquellos años, un archivo de la memoria.

 

Al escribir esto, me embarga un poco de nostalgia, pero también orgullo. 

Orgullo de recordar dónde comenzó mi camino hace casi veinte años. 

Orgullo de haber formado parte de algo que, aunque ya no existe, dejó huella. 

Orgullo de haber aprendido y convivido con cada una de las personas que conocí en la Casa del Artista.

A todas ellas, mi agradecimiento y cariño.

Nostalgia y rumbo, mi camino hoy lleva rumbo y sé a dónde voy, más nunca olvido de dónde vengo.¶

  

✨Premio Nacional Javier Ramírez Limón. 💫✨

En los 90s me gustó una película titulada Las estrellas cayeron en Henrietta (The stars fell on Henrietta) con Robert Duval como un petrolero anciano y desafortunado Mr. Cox, una historia que se desarrolla en los primeros años de la era petrolera estadounidense, basado en la novela Luck de Winifred Stanford, y de la cual recuerdo la frase que le murmuró a Beatric Day (Lexi Randall), una niña que siempre creyó en él: “Engancha tu carreta a una estrella, cariño. He vivido mi vida según eso.” (Hitch your wagon to a star, sweetheart. I've lived my life by that.).

 
 
Ayer (28 de noviembre de 2025) en la inauguración del Cuarto Concurso Nacional de Fotografía Javier Ramírez Limón mi pieza participante resultó ganadora del Premio de Adquisición entre las magníficas obras de artistas de gran trayectoria y de quienes conozco a maestras y maestros, compañeras, compañeros de cursos que se convirtieron en amigas y amigos.
 
Participar en el Cuarto Concurso Nacional de Fotografía Javier Ramírez Limón ha sido una gran experiencia y solo el hecho de quedar seleccionado ya me hacía ganador pues dado el gran nivel que sigue adquiriendo este evento que rememora a mi gran maestro Javier Ramirez Limón, además de que mi trabajo dialogue con el de las y los demás participantes, es una gran oportunidad de aprendizaje.
Evidentemente es un gran aliciente para continuar trabajando y bueno solo me resta felicitar a cada una y uno de las y los participantes pues estoy impresionado por la calidad y discurso de sus trabajos.
 
Sin duda esta noche, favorablemente para mí ⭐️ las estrellas cayeron en Henrietta ⭐️
 
Estoy muy contento y agradecido con el equipo del Museo de Arte de Sonora y el Instituto Sonorense de Cultura por tomarme en cuenta y a los jueces por su favorable fallo hacia mi trabajo.
 
Muchas gracias a todas las personas que me han acompañado durante este tiempo con sus enseñanzas y experiencias compartidas las cuales me han ayudado a estar aquí. La lista es muy amplia y diversa, mi agradecimiento de todo corazón para ustedes, pues: “Estoy parado en los hombros de gigantes que han estado aquí antes.
 


 
 
✨Gracias, gracias, gracias.🙏🏼✨ 
 

Dejemos que llegue el final de los tiempos... (borrador de diciembre del 2023 que apenas vió la luz)

Tuve el honor de conocer a John Sevigny, fotógrafo estadounidense a quien conocí a través de redes sociales en 2007 cuando él radicaba en Saltillo y a quien invité a impartir su taller de fotografía callejera en Casa del Artista (Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín), desde entonces entre ambos se entabló una bonita amistad a pesar de no coincidir mucho por la distancia, John ocasionalmente me procuraba aquí en Torreón; John fue un incansable nómada en nuestro país y Centroamérica en la búsqueda de imágenes para incorporar a su amplio cuerpo de trabajo que dio luz varias publicaciones; desde entonces siempre mantuvimos contacto a través de mensajería electrónica y las mismas redes sociales, por lo que cada dos o tres años, volvimos a concordar reunirnos aquí en Torreón.

 En 2010, repitió la experiencia, regresó a La Laguna para la presentación de su libro Un muerto pare el santo en la Casa del Artista y en la universidad donde impartía clases, la Ibero Torreón, este año la violencia llegó al punto álgido pero eso no frenó del todo nuestra promoción de la práctica fotográfica callejera con su libro.

De igual manera en 2012 nos volvimos a reunir, en esta ocasión con un taller de Fotografía Callejera y Composición también en Casa del Artista, generalmente a su llegada era ponernos al corriente de andanzas al calor de unas heladas cervezas en alguna cantina lagunera, departiendo con sus siempre interesantes anécdotas.

Pasó el tiempo y durante la pandemia de COVID-19 me enteré de que estaba en El Salvador, Honduras y Guatemala, posteriormente coincidiríamos a través de redes sociales y una reunión virtual y retomaríamos charla a través de Zoom o Meet. Luego del encierro pandémico, John retornó al país, con más material y anécdotas, como el de su secuestro y su pasión aventurera de registrar lugares de cierto riesgo como bares y cantinas.

Entre 2022 y 2023 acordamos reunirnos en La Laguna para la presentación de su más reciente material y la próxima salida de su último libro. En Mayo del mismo año nos reunimos en Torreón, realizamos su presentación de libro Let the good times roll (Deja que llegue el final de los tiempos) en Café Canijo de Lerdo, Dgo., y se llevó a cabo un taller de foto de calle express muy práctico con un pequeño grupo entusiasta entre amistades de ambos y estudiantes míos. Al cabo de 3 días John retornaba a Saltillo, Coah., para continuar su itinerario hacia CDMX, con la promesa de vernos en otoño para presentar el último libro físicamente: League of the Dead (La Liga de los muertos).

Gran sorpresa del destino que, sabiendo que ya había comenzado a presentar su libro en CDMX, el 05 de noviembre por la tarde repentinamente recibo una llamada de quien se identificó como su pareja para darme una estrujante noticia: John había fallecido.

Para mi fue increíble la noticia, John mi maestro de foto callejera y amigo había trascendido a otro plano, el plano de la luz que añoramos quienes laboramos con ella, la luz que buscamos como sinónimo de verdad en la absurda realidad que nos acoje. 

"Todo profeta de la fatalidad necesita dos cosas: instrucciones de algún dios o diosa y un par de ojos atentos para ver el triste y lamentable estado del mundo" estas fueron algunas de las palabras en el penúltimo libro de John Sevigny. 

Nacido en Miami en 1969, John Sevigny fue fotógrafo, escritor y docente. Se desempeñó como reportero y fotógrafo de Associated Press y EFE News. John realizó más de 50 exposiciones individuales incluyendo muestras en Estados Unidos, Países Bajos, México, El Salvador, Guatemala y participó en innumerables exposiciones colectivas en todo el mundo. Sus impresiones artísticas se encuentran en colecciones públicas y privadas de todo el mundo. De su autoría fotográfica plasmada en libros de fotografía están Callejón de Milagros (2020), Fuego del cielo (2019), El Muerto Pare el Santo (2010), Let the End Times Roll (2022) y League of the Dead (2023).

Me falta un amigo (uno más), un maestro (entre otros maestros acaecidos previamente), me falta un cómplice de fotografá de calle, John te fuiste repentinamente, como la blanca niña que nos sorprende para acompañarla y que no falla en su empeño de no dejarnos ir.

Hasta pronto querido John, ¡dejemos que llegue el final de los tiempos!.

 

En busca de cumplir nuestro anhelo

KCR.
Hace unas semanas tuve el privilegio de conocer a una joven familia migrante aquí en Torreón, procedentes de Venezuela; entre tantas personas que pasan por La Laguna en busca de lograr sus sueños. Habían llegado hace dos semanas, los conocí durante un fin de semana más caluroso, el primer día de la ola de calor que ha imperado estos días.

Me dieron la oportunidad de acercarme y platicar con ellos, platicamos de su experiencia por nuestro país,  por nuestra ciudad y acerca de la travesía en "la bestia", me compartieron bastante de su tiempo y fue muy interesante conocerles un poquito entre los temas que se fueron dando en la plática, mientras me permitían tomarles algunas fotos.

Generalmente a quienes migran se les criminaliza, se les denigra, se les ignora, se les invisibiliza. Se les ve como rival, como invasor de nuestro territorio, y cuando les vemos pidiendo ayuda, lo primero son los prejuicios acerca de ¿porqué sólo extienden la mano?, la meritocracia en todo su esplendor ante la falta de empatía.

Familia Yee-Wah, circa 1949. Mi suegro al centro
junto a sus padres y hermanas. Detrás de
mi suegro, el tío de su padre por quien llegó a
Torreón.
  

Las personas migrantes no son diferentes de nosotros, si tan solo vieramos que hay muchas razones para abandonar su territorio, desde cuestiones económicas, políticas, de violencia, de emergencia climática o simplemente el derecho de todo humano a buscar mejores oportunidades de vida.

Hace un siglo, los abuelos de Esther, mi esposa, migraron y coincidieron en Torreón; ciudad joven que se atribuye un origen cosmopolita por la influencia  de las etnias diversas que aquí se congregaron y fueron parte significativa del desarrollo comercial de la naciente ciudad.  En 1911, en plena Revolución Mexicana, entre el 13 y el 15 de mayo, se dio un desdichado acontecimiento, la matanza de cientos de ciudadanos chinos. 

Los abuelos de Esther libraron este hecho, sin embargo no fueron ajenos a la persecución de chinos en los años subsecuentes, nunca lo mencionaron a sus descendientes y ellos no preguntaron, sólo hubo un silencio y la abstención del uso idioma de su origen con cualquier justificación, que evidencía, ante la actual ausencia de ellos, la renuncia a su identidad para evitar complicaciones, pero que atando cabos entre la historia y las anécdotas, es fácil entender.   

Sin embargo, algo que distingue esta región a pesar de lo agreste del territorio es la hospitalidad, no faltó quien tendiera la mano y con el valor que los abuelos tuvieron de mantenerse en esta tierra, en Torreón, formaron su familia, si no no hubiera conocido a Esther, y mi familia no sería la misma. Ahora que sé el origen de la familia de Esther, además de empatizar con ella, me hace identificarme, pues es de humanos buscar lograr hacer realidad nuestros sueños, yo sigo luchando por los míos en el mismo territorio.

La noticia esperada, lo lograron.

Esta linda familia venezolana partiría en los días siguientes con la intención de llegar a la frontera en busca del "sueño americano". Hoy por la tarde, recibí por mensajería instantánea, la confirmación que esperaba desde hace un par de días, lo habían logrado, ya están en los Estados Unidos; no sé en qué condiciones, sólo espero que allá al igual que aquí logren encontrar quienes les favorezcan. 

Todos estamos en una continua lucha por lograr nuestros anhelos, nadie está exento, ¿no sería formidable que nos tendieramos la mano?, las cosas serían más fáciles.

§

 

 

 
 

Los mamones de Jairo

 

Don Jairo, platicando en su casa aquel Viernes Santo, previo 
a la Procesión del Silencio en Viesca, Coah.
C
onocí a Don Jairo en el verano de 2015. En ese entonces fuimos al municipio de Viesca, en el estado de Coahuila, buscando los dichosos mamones, unos panes que se producen en este pueblo mágico ubicado en el semi desierto de la Región Lagunera; pues la idea era realizar un trabajo documental como ejercicio del taller Memoria Óptica que estaba impartiendo mi amigo y maestro “Don Apa” Mariano Aparicio, ejercicio que llevaría a cabo Javier Rivera, también amigo y alumno de este taller.

Preguntando por esta delicia de postre, la referencia obligada fue Santos Jairo López Juárez quien junto a su esposa, los elaboraban de manera artesanal, así como también los tradicionales dulces de leche quemada y nuez. Fue así que dimos con la casa de Don Jairo donde nos recibieron con gran amabilidad y nos permitieron realizar el registro fotográfico, además de disfrutar de su bello jardín, lleno de árboles y macetas, el cual incluía algunos animales, como tortugas en un pequeño estanque donde varias de ellas posaban entre sombra y sol; varias jaulas de diferentes tamaños con canarios, chenchos, un pavo real y lo que más llamó mi atención, un cuervo enorme que ocasionalmente entre graznidos llamaba a Don “Jairo”.

Desde entonces la casa de Don Jairo se volvió visita obligatoria cada ida a Viesca, fuera por gusto o por excursión al llevar a mis alumnos, y no se diga en Semana Santa el Viernes Santo, cuando se realiza la Procesión del Silencio en Viesca. En 2016-2017, tardíamente me enteré de que su esposa había fallecido. Así continuamos visitándole los siguientes años; Don Jairo nos decía que estaba bien más era notorio que extrañaba a su esposa. Por mi parte volví a Viesca cada vez que había oportunidad, hasta que llegó el 2020, con este la pandemia y por tanto, el confinamiento además del obligado home office. Por los siguientes dos años tampoco me fue posible regresar, más tuve muy presente a mi amigo Don Jairo.

Este 2023, fue diferente y aproximándose la Semana Santa, me dispuse a organizar, un pequeño grupo de alumnos y entusiastas, para ir a Viesca, obviamente lo primero que planeé al llegar al pueblo, fue buscar a Don Jairo. Mucho me alegró encontrar a Don Jairo, quien nos recibió con mucho gusto, sorprendiéndome que aún me recordara, pues había pasado tiempo e imagino la gran cantidad de visitas y personas que conoció, aún así, le dio gusto vernos y nos invitó a pasar, platicamos un rato en su jardín, a la vez que nos percatamos de la ausencia del cuervo, el pavo real, los canarios, las tortugas y las macetas ya eran pocas, y la vegetación se veía descuidada; notoria era la ausencia de su mujer además de notar también que estaba más delgado y sus manos deformadas con varias bolitas posiblemente a causa de artritis. Don Jairo acababa de entregar ese día su producción de mamones y dulces, aquel viernes no pudimos degustar de esas delicias, por lo que dijimos aDon Jairo que luego le llamaríamos para hacer un pedido y volver a visitarle. 

El tiempo y las actividades me absorbieron nuevamente, el ahorita o el mejor mañana no se detuvieron, luego de casi dos meses, pasó lo que aquel día intuí al verle, el 22 de mayo, mi amigo Don Jairo partió para reunirse con su mujer y su cuervo; yo deseo y confío, que no haya sufrido, que su reunión haya sido grata y sin dolor. Hace unas horas buscando unas notas que hace algunos años publiqué en Facebook, la red repentinamente me llevó a una nota de un grupo de Viesca al que no pertenezco, pero que hizo enterarme de este triste suceso, me estremeció y me hizo consciente de cómo vuela el tiempo

Don Jairo fue incansable, se dedicó al box de manera local y destacó ganando premios, se casó y dedicó su vida a su pareja, juntos mantuvieron una tradición gastronómica artesanal, herencia de saberes de familia transferidos de generación en generación, que contribuyó a que Viesca lograra la denominación de pueblo mágico. La tradición que obraba Don Jairo quizá se haya perdido, espero que no sea así; lo que más extrañaré son las anécdotas que nos compartía Don Jairo, así como el gran ejemplo de laboriosidad y constancia de una persona cuya generación acostumbraba a ser así, a no rendirse, de entregarse y poner el corazón a su labor; se ha ido un amigo, un gran anfitrión y gran persona, descansa en paz querido Jairo, nos hemos de volver a ver.
§

Y busqué hasta el fin

Y busqué hasta el fin 1/3 
Una tarde hace casi 10 años, que recibí de obsequio una caja con objetos, entre los cuales contenía una cámara fotográfica, entre documentos de identidad, algunas facturas, fotos de credencial, cajas con papel fotográfico, pequeños instrumentos peculiares y antiguos, correspondencia en chino, una cajita y un sobre con lo que parecían negativos de nitrocelulosa algunos un poco agrietados, entre otras cosas.

Ese día, mi suegro José Emilio Yee Wah, dejó en custodia a Esther, mi esposa, y a mi, esta arca del tesoro, y en mi la responsabilidad de hacer con esto algo, promesa de poner un día en algún punto de la historia, el quehacer de su padre Emilio Yee Tang, a quien perteneció este diminuto acervo y equipo fotográfico.

Y busqué hasta el fin 2/3
Fue así como quedé inmerso en el misterio de la vida del abuelo Emilio, quien entre las pistas que me regaló mi suegro, busqué traducir algunas cartas, ligar las fechas de los documentos con sucesos históricos locales, ver el registro de extranjeros del archivo municipal, y hasta leer acerca de un suceso que desde niño escuché en anécdotas de mi abuela quien viviera de cerca la revolución, este es la Masacre de Chinos en 1911 en Torreón

Sin embargo, más importante me pareció la vida de Emilio y el cómo libró las viscisitudes de la vida además del hostigamiento del que fueron objeto los migrates chinos durante décadas en el país y en la Región Lagunera

La vida de Emilio me hizo empatizar e identificarme con él, tratar de saber cómo se apasionó de la imagen pero no continuarla, y con ello dejar muchas reguntas al respecto, pues le dedicó tiempo y esfuerzo; evidencias son las fotos que poco a poco fui desvelando al positivar digitalmente, las tarjetas de fórmulas, los accesorios de laboratorio y la inversión que realizó en todo esto. Seguro no fue una vida sencilla, menos combinar quizá la afición y la vida misma.

Fue así que a través de anécdotas, la historia, la memoria de sus hijas, pues mi suegro hace 4 años que falleció; que he ido hilvanando, a través de todo esto y el contenido del arca en mis manos, una historia de vida con la queme identifico por la fotografía y a la vez encuentro no muy diferente, la lucha por ser mejor; pero para nada imagino qué es enfrentar la discriminación y violencia que muchos de sus paisanos sufrieron y quizá el mismo Emilio sobrellevó.

Y busqué hasta el fin 3/3
¿Y qué tiene qué ver Emilio conmigo? Nos une la fotografía, al menos sigo luchando por lograr mi sueño en dedicarme de lleno a ella, nos unen lazos de familia, Esther su nieta, pero más la motivación por el éxito de lograr nuestras metas y dejar huella en aquellas y aquellos que nos sucederán.

Mi búsqueda sigue y entre más encuentro información, más me apasiono de esto, encuentro similitudes en lo poco que sé de mi familia, mis propios orígenes y la importancia de conocerlos para entenderme más, mi sentido de ser.

§

Fragmentos de la canción “Y busqué” de Rozalén ©️ bit.ly/RozalenYBusque

 Texto de “Y busqué hasta el fin” elaborado en septiembre de 2021 por Esther Yee y Miguel Espino, proyecto resultante de ejercicio de Taller de Foto-per-zine “Mi selfie favorita” - Autoeditoras: hacemos femzines! - Gelen Jeleton, Iurhi Peña y Berenice Medina - EFOLIO.003. Articulaciones y montaje - Centro de la Imagen



   



Otro cumpleaños, tía Tere


Mi tía Tere en uno de sus últimos cumpleaños.
Detrás de ella uno de los libreros con sus libros.
H
oy es el cumpleaños María Teresa, mi tía más querida, mi tía Tere, quien hace 2 años falleció, víctima de esta revolcada llamada COVID19.

Mi tía es el motivo porque me interesa la música, la lectura, la historia y fue ella quien me introdujo en cierta manera al arte a través de los libros que ella atesoraba: enciclopedias, novelas clásicas, libros de historia y discos de música de vinilos LP. La sala de casa de mi abuela fue uno de mis lugares favoritos desde que llegaba de la escuela, luego de hacer la tarea, me tiraba en el sillón individual y leía mis historietas, y conforme avanzaba, me gustaba consultar las enciclopedias para consultar y/o corroborar algunas cosas que me interesaran de la lectura. Por ejemplo, una de mis historias favoritas fue de una especie de cómic acerca de la novela de Miguel (Michel) Strogoff de Julio Verne, con la que mi imaginación volaba a tan remotos lugares de la Rusia zarista, mientras simultáneamente escuchaba uno de sus discos que más disfruté, el del Mandolin’ Club de Paris - A Través de Rusia, el cual era para mi como la banda sonora de mi historieta. De igual manera, en la enciclopedia Quillet, también propiedad de mi tía, buscaba qué era el hidromiel, dónde quedaba Tomsk e Irkutsk, quienes eran los tártaros y así todo lo que me llamaba la atención y desconocía. Fue de este modo que pasaba las tardes antes de salir a jugar con mis amigos, quienes se deleitaban de estas historias que luego les contaba mientras jugábamos. 

Muchos de mis historietas, con el tiempo, los descuidos y algunas mudanzas se fueron perdiendo, sin embargo mi madre un día me obsequió una colección de libros con las novelas clásicas de varios autores, entre ellos, Julio Verne. Pasó el tiempo y esos libros de mi tía, por alguna razón, también fueron desapareciendo de su librero, no sé si los obsequió o los vendió, pues le daba por deshacerse de aquello que le parecía obsoleto.

Gracias a esas lecturas y la memoria pues no se olvida fácil lo que nos gusta, que cuando visitaba a mi tía, no faltaba una referencia a aquellos recuerdos de esos libros que fueron parte de mi aprendizaje. Me fascinaba ir a platicar con ella acerca de las experiencias que iba teniendo en la adultez, la docencia y la fotografía, y me encantaba que ella me diera su parecer, pues siempre tenía un consejo o sugerencia, además de platicar anécdotas respecto a mi abuela.

Mi tía desde hace unas décadas comenzó a padecer Lupus y posteriormente EPOC, por lo que cuando llegó la pandemia debió tener muchos más cuidados ante su vulnerabilidad. Sin embargo, siempre antepuso el bienestar de sus hermanos al de ella misma; cuidaba a mi tío Beto y aún en pandemia le acompañaba a sus citas al IMSS.

Unas semanas antes de que enfermara, platicaba con ella por teléfono acerca de cómo le agradecía que me hubiera contagiado en mi infancia, de la afición por la filatelia, la cual abandoné por tiempo, pero en el encierro encontré un álbum y le encontré utilidad. Platiqué de proyectos respecto a memoria e identidad y le decía que no se deshiciera de álbumes de fotos familiares pues pronto pretendía trabajar con material de ellos, más era demasiado tarde, ya había regalado de estos meses antes. 

Le decía que quería hacer unas foto a ella, a mi tía Coco y a mi tío Beto, pues fueron de los tíos más cercanos en mi infancia y toda la vida. Nunca imaginé que días después serían los últimos en que les vería; en un descuido se contagiaron de algún modo de COVID19. Tere y Beto presentaron los síntomas y en un par de días empeoraron y en menos de una semana fallecieron, sólo mi tía Coco quien fue la última en presentar síntomas, milagrosamente sobrevivió, no la contábamos pero luego de semanas bajo tratamiento y supervisión se recuperó. Pasaron meses en que volviera a visitar su casa, desde entonces más que nunca, ver el librero con algunos de los libros de mi tía Tere inmediatamente me remontan a mi infancia, viniendo a mi sonidos de Chopin, Tchaikovsky, Concierto de Aranjuez, Dolores Pradera, Richard Claiderman, Ray Conniff, por mencionar entre muchos otros con los que también la recuerdo.

Mi tía, en una visita a su casa en 2019.
Sin duda mi tía Tere sería el último eslabón que me acercaba a mi abue, no por el lazo de sangre, sino en el sentido de con quien platicar acerca de las anécdotas, historias de la familia y no se diga de las lecturas, además de recordarme episodios de mi infancia, que inmediatamente me regresaba a las bellas experiencias con mi abuela Otilia. 

Hoy en su día, con mucho agradecimiento solo me resta recordarla con aquella sonrisa que le caracterizó. A mi abuela y a ti, tía Tere, las tengo siempre muy presentes; ¡feliz cumpleaños tía Tere! ¡Por favor dale mis saludos a mi abue!

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“Dieser Weg” de la vida


Letargos de Arcilla. Ladrilleras, Matamoros, Coah. 2007.
E
s curioso como uno va olvidando detalles conforme pasan los años, sin embargo algunas redes sociales, principalmente Facebook, se encargan de mostrarnos recuerdos en algunas fechas.

Hoy, repentinamente me llevó a ver mis publicaciones de más de una década, y entre ellos me recordó una canción de Xavier Naidoo que en ese entonces me gustó mucho y que nunca entendí qué decía por estar en otro alemán, pero que de alguna forma tanto el video y su ritmo me llamaron la atención, dándome una idea general que interpretar.

Por tanto, hoy me dispuse a hacer uso de las variadas herramientas con que contamos en los dispositivos, como el traductor de Google y logré una traducción más apegada a la canción misma.

La canción me gusta más ahora que sé que dice y que va muy acorde a lo que me ha sucedido en más de una década, tanto en lo personal como en lo laboral, específicamente la fotografía, pues el camino que andamos finalmente integra todas nuestras decisiones.

La canción Dieser Weg, encierra algo como los consejos que nos dan los adultos cuando somos pequeños y carecemos de experiencia, que son obvios pero que en su momento no tomamos en cuenta, hasta que tropezamos y detenemos el paso para ver qué nos pasó y si continuaremos.

Me alegra que, entre los consejos y la intuición, lograra sobrellevar los obstáculos y todo lo que interfirió en algún momento para que me detuviera, pudiendo enfocarme en las metas. No ha sido fácil, la vida es eso, retos que afrontar, aprendizajes que asimilar y la belleza de esta radica en aprender y continuar caminando, trabajando para alcanzar nuestros anhelos; no en vano así ha sido mi caminar por la imagen y la fotografía, aprendiendo y transformándome paso a paso, hoy mi perspectiva es otra.

La vida continúa y el andar también, dónde me lleva el camino es lo atractivo, no queda más que seguir avanzando, entre mis expectativas y lo que finalmente encontraré, si se materializarán mis sueños o si cumpliré todas mis metas. Hoy estoy seguro que lo que sea que encuentre, bueno o malo, vale más que mis expectativas, por el aprendizaje y sobretodo las experiencias.

Mientras, dejo por aquí esta canción que me acompaña en el camino, como un recordatorio que me dice: “no te detengas, no dejes de andar”.

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Este Camino (Dieser Weg) — Xavier Naidoo 


Yo recorría este largo camino, y el camino me guiaba. 

La canción que cantabas la última noche sólo sonaba dentro de mí.


Un par de pasos más y entonces me encontraba allí con la llave de esa puerta.
 
Este camino no será más fácil, este camino será pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.
 
Sólo fue un pequeño pestañeo, un momento en el que yo no estaba allí.
Después di un pequeño paso y entonces lo vi claro.
 
Este camino no será más fácil, este camino será pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.
 
Muchos te traicionan, muchos te aman, muchos se entregan a ti.
Muchos te bendicen, no arrían las velas cuando el viento enfurece el mar.
Muchos te traicionan, muchos te aman, muchos se entregan a ti.
Muchos te bendicen, no arrían las velas cuando el viento enfurece el mar.
 
Este camino no será más fácil, este camino será pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.
 
Este camino no será más fácil, este camino será pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.
 
Este camino... este camino es pedregoso y difícil.
No estarás unido con mucha gente, sin embargo esta vida ofrece mucho más.

 
Este camino.

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