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29 jul 2026

Camino Real de Tierra Adentro y la festividad del Milagroso Señor de Mapimí

Procesión de carretas procedentes del Cañón de
Jimulco, Coah., rumbo a Cuencamé, Dgo. (ME)
Hoy hace 13 años tuve la oportunidad de presenciar y conocer la bella festividad del Milagroso Señor de Mapimí en Cuencamé, Durango. Fui parte de un pequeño equipo formado por la Unidad Regional de Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas que se desplazó con el objetivo de documentar esta festividad. Durante los primeros días de agosto recorrimos desde Jimulco hasta Cuencamé, el camino a través de la Sierra de Jimulco a la,par de la procesión de carretas con los fieles que cada año se desplazan para alabar al Señor de Mapimí patrón de los viajeros. Fue una experiencia muy emocionante, el fervor que los fieles le tienen, ver las danzas y la concurrencia durante todo el día en la Parroquia de San Antonio de Padua que alberga esta milagrosa imagen, además de que en esa ocasión coincidiera la tradicional feria de la ciudad a escasas cuadras de la Parroquia, congregó gente de diversas partes del pais y fuera del mismo, en especial de los Estados Unidos. Cabe destacar que Mapimí y Cuencamé son puntos que integran del Camino Real de Tierra Adentro que inicia en el centro del país y culmina en Nuevo México.

Por cierto, cuatro años después de esta experiencia en Cuencamé, se coeditó un libro titulado Cinco siglos de identidad cultural viva Camino Real de Tierra Adentro. Patrimonio de la Humanidad., del cual comparto el siguiente texto que describe esta fiesta patronal y su origen:

Las fiestas tradicionales y su papel en el intercambio social

Las fiestas tradicionales desempeñan una importante función de cohesión social porque fortalecen la identidad cultural de quienes participan en ellas. La organización interna de las fiestas está vinculada a la estructura económica, política, social, religiosa y simbólica de la comunidad. En gran medida se llevan a cabo en relación con ciclos naturales y actividades productivas importantes, o se relacionan con fechas religiosas.

La fiesta es un espacio mágico religioso; en ella se establecen acuerdos, compromisos y alianzas que repercuten directamente en la dinámica cotidiana de la colectividad. A continuación, revisaremos algunos ejemplos de la importancia local y regional de las fiestas tradicionales.

El real de minas de San Antonio de Cuencamé y el de Mapimí tienen en común el haber sido fundados por los mismos misioneros jesuitas y el compartir una de las tradiciones religiosas más importantes de la Nueva Vizcaya desde el siglo Xviii: la veneración del Señor de Mapimí.

Relata la historia que en el año de 1715, un jueves santo, cuando los españoles del Real de Mapimí realizaban una procesión cargando la imagen, sufrieron un devastador ataque de tobosos y cocoyomes. Un grupo logró escapar llevando consigo la imagen y se encaminó hacia la población de Parras, atravesando la Sierra de Jimulco, sitio en donde encontraron un lugar propicio para ocultar la imagen. En un informe posterior, se consigna que dicha imagen fue encontrada por unos soldados “escolteros” que siguieron a una indígena que la visitaba. Posteriormente, el Cristo fue trasladado a Cuencamé, el 6 de agosto de 1715.

También cuenta la leyenda que, a pesar de los intentos de los pobladores de Mapimí por recuperar su imagen, no pudieron porque cada vez que se pretendía moverla, ésta se hacía pesada, imposibilitando su movimiento, lo que fue interpretado como que el Señor de Mapimí no deseaba salir de Cuencamé.

La peculiaridad de la festividad en honor al Señor de Mapimí la constituye la peregrinación de carretas. Nos dice el recopilador Anacleto Hernández Hernández que cada año, desde los días 3 y 4 de agosto, los habitantes de la región de la Sierra y el Cañón de Jimulco viajan, agregándose a su paso peregrinos de las poblaciones vecinas. El 5 de agosto, la caravana es recibida a la entrada del pueblo; a la media noche se efectúa el ritual de adoración al Señor de Mapimí, que incluye alabanzas, eucaristía, danzas y canto cardenche. La fiesta termina el día 7, en el que la imagen vuelve a ser colocada en su lugar y donde permanecerá hasta el próximo miércoles santo, fecha en que, de acuerdo con el reglamento de la Cofradía que se encarga del cuidado de la imagen, puede volver a ser bajada.

Las fiestas religiosas siempre fueron para los pueblos momentos de afluencia de gente de diversos lugares que se reunían para participar en misas y procesiones, pero también para intercambiar los diferentes productos de que disponían. Buena parte del lucimiento de las fiestas consistía justamente en su éxito comercial.

LA TRASCENDENCIA DE LA FIESTA DEL SEÑOR DE MAPIMÍ
Cuencamé, Durango 
Peregrinos esperando entrar a Cuencamé, Dgo. (ME)
Entre el 28 de julio y el 7 de agosto, se efectúa un novenario en Cuencamé, en el templo de San Antonio de Padua, sitio donde se resguarda la imagen, alrededor de la cual se formó hace tiempo, la tradición afirma que en 1719, la cofradía del Santo Cristo Señor de Mapimí, que se encarga de bajarlo del altar para acostarlo sobre una mesa colocada al centro de la iglesia.

Además de la tradicional peregrinación de familias en carretas procedentes del Cañón de Jimulco, acuden visitantes llegados de diferentes puntos de México y de regiones de Estados Unidos como Chicago, Atlanta, California, Texas, Nuevo México y Colorado, que desfilan en carros alegóricos o a pie, acompañados de bandas de música y grupos de danzantes que ejecutan piezas como la Danza de los Matachines, la Danza de la Pluma, La Danza Apache y, no podía esperarse menos, la Danza del Señor de Mapimí. El 6 inicia con “Las mañanitas” porque es el día de la gran fiesta, la música y las danzas continúan a lo largo de la jornada. A la siguiente mañana, después de escuchar misa y de pasear al Cristo en una procesión por el atrio, los peregrinos emprenden el viaje de regreso.

El Señor de Mapimí. (ME)

Conviene mencionar que en la época virreinal, Cuencamé era el lugar más seguro en el tramo del Camino Real de Tierra Adentro entre Zacatecas y Chihuahua, por lo que los viajeros paraban ahí para pedir la protección del Señor de Mapimí antes de continuar su recorrido hacia el norte, donde el acecho de los tobosos, los cocoyomes y los comanches era una amenaza constante.

Por esa razón, durante mucho tiempo, la imagen también fue conocida como el Señor de los Viajeros.

Canto de despedida al Señor de Mapimí
(fragmento)


Ya se van tus peregrinos,
adiós, mi Padre querido,
se van de tu compañía,
con el corazón herido.
Se van de buena salud,
de Topia y de Culiacán,
de Durango y de Santiago,
del puerto de Mazatlán.
Ya se van del Cerro Gordo,
de La Zarca y del Cordero,
dándote mil parabienes,
Padre y Jesús de los cielos.
Adiós rosa de Castilla,
los de Mapimí dirán,
también los de La Laguna
de tu presencia se van.
Todos los de tierra adentro,
se despiden por iguales,
de Chihuahua y Canutillo,
y Santa Cruz de Rosales.

EL SEÑOR DE MAPIMÍ EN NUEVO MÉXICO

A partir de su santuario en Cuencamé, Durango, la devoción al Señor de Mapimí se fue extendiendo hacia el norte, cruzando la barrera natural del Río Bravo y el desierto. Los peregrinos procedentes de Nuevo México, a su regreso del viaje en busca de ayuda y consuelo, ­ fueron dispersando el relato de los hechos maravillosos, los favores concedidos y el agradecimiento, que se expresaron en altares, relatos, danzas como las que se bailan en la región de Albuquerque, y composiciones
populares conocidas como “alabados”, originarias del norte y centro de México. 

Estos son algunos ejemplos de esos cantos, todavía muy populares entre los descendientes de mexicanos:

En tu reino celestial,
estando junto de ti,
cantaré las alabanzas
del Señor de Mapimí,
Ese jardín que allí vemos
y veneramos aquí
es la rosa más frondosa
del Señor de Mapimí.
Los ángeles en el cielo
y los hombres desde aquí,
aclamen el dulce nombre
del Señor de Mapimí.
Campanitas de Belén,
todas repiquen aquí
para adorar y ensalzar
al Señor de Mapimí.
Todos con buen corazón
pidámosle desde aquí,
nos dé la paz y la unión
el Señor de Mapimí.
Yo soy la oveja perdida,
que sospiraba por ti
y viene a que la reciba
el Señor de Mapimí.
Míralo allí en esa cruz,
yo os adoro desde aquí,
el corazón amoroso
del Señor de Mapimí.
Si por mis grandes pecados
estás en la cruz por mí,
espero me ha de salvar
el Señor de Mapimí.
Una corona y tus clavos
pongan al fin hasta aquí,
aclamo a las cinco llagas
del Señor de Mapimí.

La fiesta es un espacio mágico religioso; en ella se establecen acuerdos,
compromisos y alianzas... 

Gustavo F. Solís, Panorama de Mapimí, 1909-1910. El Real de Minas y Villa de Santiago de Mapimí data del 25 de julio de 1598, día de la festividad del apóstol Santiago. Mapimí proviene del término mapeme de la lengua cocoyome y significa “piedra en alto” o “cerro elevado”. Por su localización en las cercanías de la zona desértica del Bolsón de Mapimí, que era refugio de tribus rebeldes, Mapimí estuvo sujeta a varios ataques y despoblamientos a lo largo de su historia. (INAHFN) 604170.

Este libro se puede descargar en línea en el repositorio de INAH del cual comparto el enlace.

Este mismo libro ya va en la segunda coedición y debo también mencionar que incluye 9 imágenes realizadas por mi, 3 de la festividad del Milagroso Señor de Mapimí y el resto alusivas a lugares del Camino Real de Tierra Adentro en el entorno de la Región Lagunera (estados de Coahuila y Durango), 3 de las cuales también comparto en esta entrada del blog.

Como lagunero recomiendo ampliamente visitar el Santuario en Cuencamé y si es posible asistir a la festividad principalmente entre el 4 y 6 de agosto. El año antepasado se realizó una exhibición alusiva con las imágenes de este registro que realicé hace más de una década, la cual puede ser solicitada para exhibición en la oficina de la Unidad Regional de Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas, la cual se ubica en la Casa de la Cultura Ernestina Gamboa de Gómez Palacio. La misma serie incluso puede ser observada en la galería de mi sitio web. No hay como conocer nuestra historia a través de las costumbres y tradiciones que forman parte del patrimonio cultural y que ya es parte del patrimonio de la humanidad.


14 feb 2026

De esta agua no beberé… y terminé bebiendo

Clase de foto en Ibero 2008
Cuando estudiaba la licenciatura en Sistemas Computarizados e Informática en la Universidad Iberoamericana, tuve más de una mala experiencia con algunos de mis profesores. No solo por su forma de enseñar y ni se diga de  sus criterios de calificar, sino por aquellos que juzgaban y jugaban con la psicología y se jactaban de ser "los filtros de la carrera". Desde entonces juré: nunca sería profesor, jamás me dedicaría a la docencia.

Pero la vida da vueltas. Durante algunos semestres y principalmente previo a egresar, conocí también a profesores que impartían sus materias con una pasión que contagiaba. Asistir a sus clases era un placer, e incluso hice amistad con algunos. Fue entonces cuando empecé a comprender que aquellas actitudes temibles que había enfrentado no nacían de la maldad, sino de la formación que ellos mismos habían recibido. Eran, simplemente, el reflejo de lo que les enseñaron.

Al egresar, me enfrenté a la realidad de muchos recién titulados: falta de experiencia y, por si fuera poco, salarios bajos. Fue entonces cuando uno de esos maestros que me inspiraban, con quien había hecho amistad, me invitó a impartir una clase en la universidad donde él trabajaba, la Universidad Autónoma del Noreste. Necesitaba el ingreso extra, así que acepté. Me presenté, hice la prueba… y el resto es historia.

Promoción de Foto de Difusión
Cultural 2016
Las primeras clases fueron un manojo de nervios. Pronto descubrí que la docencia era mucho más compleja que exponer un tema: había que mantener el interés de los alumnos, motivarlos, tener paciencia y, sobre todo, tolerancia al error, empezando por el propio. Poco a poco fui habituándome. Me invitaron a impartir más materias, recibí capacitaciones pedagógicas junto con otros docentes y, sin darme cuenta, empecé a sentirme como pez en el agua.

Entendí entonces que la docencia no era sencilla. Era, ante todo, una gran responsabilidad. Si no te gustaba, era fácil caer en el patrón de aquellos maestros que había aborrecido. Pero si disfrutabas lo que enseñabas, podías adoptar la actitud contraria: motivar, inspirar.

Me mantuve varios años en esa universidad (UANE), la misma donde había cursado la preparatoria,  hasta que el trabajo en una empresa financiera me absorbió por completo. Sin embargo, en cuanto pude, acepté una nueva invitación y regresé a las aulas.

Tour urbano alumnos de Foto en
Difusión Cutural 2014
Fue en esos años, mientras cursaba una materia de la maestría en la misma universidad donde había estudiado la licenciatura (Ibero), que algo inesperado ocurrió: la fotografía cruzó mi camino. Me entusiasmó de tal manera que, en mis tiempos libres, me escapaba a la biblioteca a buscar bibliografía especializada. La biblioteca tenía un fondo magnífico de arte y técnica fotográfica, y así, de forma autodidacta, empecé a formarme en este nuevo mundo.

Para 2004, tomé una decisión importante: gradualmente, comenzaría a dejar atrás los sistemas para dedicarme a la fotografía. Dos años después, ese camino me llevó a conocer a dos artistas con quienes trabé amistad. Al año siguiente, ellos me animaron e invitaron a formar parte de un proyecto que promovía la creación artística: la Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín. Fue ahí donde mi forma de apreciar la fotografía cambió para siempre.

Una excursión local de alumnos del Taller de Foto
de Ibero Torreón
En la Casa del Artista, surgió la oportunidad de impartir talleres en las disciplinas que los creadores desarrollaban. Fui de los primeros en animarme a ofrecer un taller de fotografía en aquella sede. Al año de haber comenzado, recibí una invitación que me llenó de entusiasmo: impartir clases de fotografía en la carrera de Diseño Gráfico de mi alma mater, la Ibero de donde había egresado. Para mí fue un intercambio valiosísimo: mi conocimiento dialogaba con el de los aprendices de diseño. De nuevo, recibí capacitaciones pedagógicas junto con otros docentes, y durante varios años me dediqué a la enseñanza haciendo lo que más me gustaba.

Prooción de Diplomado de Foto de
Ibero Torreón
Recuerdo con especial claridad una de esas capacitaciones, esta vez sobre vida ignaciana. En ella coincidí con algunos profesores veteranos a quienes había temido en mis años de licenciatura. Ellos no me recordaban, pero yo a ellos sí. Durante una sesión en la que se insistía en la importancia de un trato digno y tolerante hacia los alumnos, ellos manifestaban su resistencia a ese cambio: defendían el patrón de ser enérgicos e intolerantes. Fue entonces cuando comprendí que esa era su naturaleza, y que no se podía exigir lo que no podían dar.

La docencia siguió abriéndome puertas: talleres de difusión cultural, un diplomado de fotografía que más adelante coordiné, clases en la licenciatura… hasta que llegó la pandemia y cambió las reglas del juego.

Promoción Diplomado de Foto
Paralelamente, durante los años en la Casa del Artista continué con mis talleres. En 2015, al independizarme, encontré un proyecto que me apasionó profundamente: el Colectivo Comunitario de Fotografía, una iniciativa federal que dependía de Culturas Populares e Indígenas. El reto era mayúsculo: enseñar a niños y adolescentes a fotografiar. Aquello exigió una paciencia y una tolerancia que no sabía que poseía, pero depositaron su confianza en mí y pude llevarlo a cabo.

Esa experiencia me condujo a otro proyecto, esta vez municipal, con un estímulo tripartita. Aquí volví a trabajar con adultos, específicamente con mamás de los alumnos del colectivo. Fue otro magnífico aprendizaje.


Excursión Ibero Torreón Taller de
Foto a Viesca, Coah. (Noviembre 2010)
En 2018, con el cambio de sexenio, fui invitado a colaborar en una versión actualizada del proyecto colectivo, ahora bajo el programa Cultura Comunitaria de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México: los Semilleros Creativos. Allí estuve casi cinco años, hasta que decidí volver a la independencia, a ser freelance, como dicen ahora.

No cabe duda: es difícil decir "de esta agua no beberé". Y no me arrepiento de haber bebido. La docencia me llevó por caminos que nunca imaginé, me enseñó muchísimo y me transformó.


Alumnos y amigos de Foto Ibero
Torreón 2014
Aquella aversión hacia ciertos profesores se convirtió en el impulso para intentar ser el maestro que a mí me hubiera gustado tener. Y me aferré a dos frases ignacianas de mi alma mater:
En todo amar y servir y no formar a los mejores del mundo sino a los mejores para el mundo.

Ayer, entre los recuerdos de Facebook, apareció una imagen de 2008. Me transportó a aquellos días en las clases de diseño, al juego en la enseñanza, y sonreí. Cómo olvidarlo.

 

Estudiantes de mi Taller de Foto de
Casa del Artista en Viesca, Coah.
(Marzo 2010)
Algo que me gusta de las redes sociales es que la huella digital que hemos dejado como evidencia, al menos da un testimonio de lo que quiza algún día nuestra mente vaya desvaneciendo, de qué servirá no sé, pero es la impronta de nuestro paso por la vida, ojalá también de cómo para bien o para mal influímos en las personas que nos conocieron y cómo coincidir les detonó tomr el camino que hayan tomado con nuestro sello, al menos para mi me han aportado gratas experiencias al aprender sin miedo a errar y vaya que lo disfruté, ¡gracias!.


11 feb 2026

La Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín a casi 19 años de su creación...

¿Quién recuerda la extinta Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín? Hace casi veinte años, en 2006, Rogelio Madero de la Peña y Pedro Luis Martín Bringas visualizaron un proyecto que pronto dejaría de ser idea para volverse realidad: crear un espacio donde los artistas coahuilenses pudieran desarrollar su talento, recibir apoyo y promover su trabajo. Una especie de cofradía que reuniera en un solo lugar a los creadores laguneros, dándoles la oportunidad de crear, compartir y vivir plenamente su vocación. Corrían los primeros meses de 2006. Rogelio Madero y su hijo David elaboraban el Manto de la Virgen en un terreno que había sido la embotelladora de refrescos Barrilitos, frente al Restaurate La Majada sobre el bulevar Independencia, cerca de las oficinas de Pedro Luis Martín Bringas, cuando tuve el gusto de conocerles y me interesó poder registrar parte del proceso de creación de aquella monumental escultura de acero durante los siguientes meses, lo que daría inicio a una amistad con ambos.

En aquella ocasión conversando con Rogelio y David, el primero me habló de un proyecto que estaba por nacer. Amablemente me invitó a conocer las futuras instalaciones de lo que sería la Casa del Artista. El edificio pasaba de obra negra a los detalles finales. En semanas siguientes se llevaría a cabo la selección de cubículos y la asignación de espacios para quienes tomarían posesión del lugar. A inicios de 2007, ya que la obra culminó, se realizó una selección y finalmente quedé seleccionado, por lo que se me asignó un cubículo en comodato como a los demás integrantes que habían sido seleccionados; por fin contaba con un lugar que fungiría a manera de oficina y estudio donde podría desarrollar mi trabajo de fotografía. Entre los miembros fundadores se encontraban: 

Aida Chamut (pintura), Alonso Licerio Valdés ✝ 2026 (grabado), Álvaro Castaño (escultura), Bibi Guerra ✝ (pintura), David Madero (escultura), David Eduardo Hernández (pintura), Freddy Peniche (pintura y escultura), Fernando Ibarra (pintor), Gloria Banda ✝ (pintura), Guillermo Colmenero (escultura), Héctor Moreno Robles (fotografía), Itziar Fernández Ugarte (pintura y escultura), Jesús Siller (pintura, escultura y restauración), Laura Covarrubias (pintura), Liliana Barrera (pintura), Liliana Lobo ✝ (fotografía), Lorena Holguin Zehfuss (pintura), Luis Montelongo  (escultura), Marianto Aparicio (cerámica), Oswaldo Luévano (pintura y joyería rústica), Rafael Aguirre (pintura), Ramón Reveles ✝ (pintor), Sergio Pérez Corella (pintura), Rogelio Madero (escultura) y por supuesto su servidor.

Al cabo de un año, algunos de los artistas mencionados decidieron marcharse, como el flujo de la vida las personas también entran, salen, se mueven, su salida dio oportunidad a nuevos creadores como Paulina Delgado (joyería de plata), María Teresa Morales (cerámica), Andrea Alvarado (artista visual), Eduardo Rodríguez Calzado (artista visual), Agustín Castillo (artista visual), Evelio Moreno (artista plástico), Henry Reyes (pintura), Alfredo Cortés (grabado), Rafael Blando (fotografía) y Enrique Leal (artista plástico). La Casa del Artista era un organismo vivo y muy dinámico.

Mi estancia se extendió desde 2007 hasta 2015, cuando decidí continuar mi camino de manera individual. Ocho años de exposiciones, talleres, subastas, ferias. Ocho años de convivencia, de diálogo entre disciplinas, de crecimiento mutuo. Ocho años viendo cómo el espacio siempre estuvo abierto para compartir con personas ajenas a la Casa, impulsando así el quehacer cultural y artístico de la Comarca Lagunera. La Casa logró algo difícil: concentrar a creadores de diversas trayectorias, propiciar el encuentro, generar resultados. Permitió que artistas locales se proyectaran más allá, en museos y galerías a nivel nacional. También recibió a artistas huéspedes, que presentaron su trabajo y dejaron su huella. 

Lo que queda a estas alturas de aquella cofradía ya no existe, la amistad continúa a pesar de la distancia y el tiempo. Algunos de los artistas seguimos en contacto. Otros hemos vuelto a coincidir en distintos espacios. Algunos más abandonaron este plano terrestre, pero permanecen en la memoria. Bibi, Liliana, Gloria, Ramón, Luis, Alonso... ellos ya no están, pero su obra y su presencia siguen. Quienes aún estamos aquí continuamos en pie, la mayoría trabajando aún la parcela del arte, resistiendo, buscando superarnos cada día con el objetivo de lograr nuestras metas en el largo plazo. 

En aquel entonces yo comenzaba en la fotografía. Buscaba mi camino mientras incursionaba en el retrato de sociales y la fotografía de producto, y al mismo tiempo registraba temas de mi interés: el acontecer urbano, la vida cotidiana, en busca de una narrativa de índole social. Mi conocimiento fotográfico era más técnico que conceptual. Pero algo en aquel encuentro empezó a moverse. Las conversaciones con cada uno de mis compañeros dieron pie a mi aprendizaje viendo sus procesos creativos además del ensayo y error de ser autodidacta, lecturas recomendadas, las exposiciones tanto internas como externas, fueron dando forma en este camino del arte que me llevó hasta donde voy actualmente, el camino es largo y me mantengo aprendiendo, actualizándome. 

Hace un par de semanas fue grato reencontrarme con el sitio de Blogger donde comencé a difundir este proyecto. Luego, el espacio adoptó un dominio propio y posteriormente migró a WordPress. Yo decidí dejar la Casa del Artista en 2015 por lo que la administración del sitio web quedó huérfana al igual que las redes sociales. A inicios de 2016 el dominio expiró y el sitio se perdió. Pero la memoria encuentra caminos, hoy, el servicio Wayback Machine de Internet Archive conserva un testimonio de lo que alguna vez fue la Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín. No es un sitio funcional, pero muestra el rostro que tuvo. Y hay más: el blog original en Blogger, aquel donde todo empezó, sigue en pie. Se mantiene funcional, más accesible, un puente directo a aquellos años, un archivo de la memoria. Espero con el pasar de los meses poder alimentarlo hasta donde se quedó el sitio Wordpress, habrá que hacer memoria y echar mano de los artículos que se mantienen en los medios locales los cuales muchas veces desaparecen también por cambios de renovación en su estructura.


Al escribir esto, me embarga un poco de nostalgia, pero también orgullo:

  • Orgullo de recordar dónde comenzó mi camino hace casi veinte años.
  • Orgullo de haber formado parte de algo que, aunque ya no existe, dejó huella. 
  • Orgullo de haber aprendido y convivido con cada una de las personas que conocí en la Casa del Artista.
  • Agradecido de las oportunidades brindadas y de haber aprendido de todas las personas y artistas con quienes conviví y establecí un vínculo. A todas ellas, mi agradecimiento y cariño.
  • Nostalgia y rumbo, mi camino hoy lleva dirección, sé a dónde voy, más nunca olvido de dónde vengo.¶ 




  


29 nov 2025

✨Premio Nacional Javier Ramírez Limón. 💫✨

En los 90s me gustó una película titulada Las estrellas cayeron en Henrietta (The stars fell on Henrietta) con Robert Duval como un petrolero anciano y desafortunado Mr. Cox, una historia que se desarrolla en los primeros años de la era petrolera estadounidense, basado en la novela Luck de Winifred Stanford, y de la cual recuerdo la frase que le murmuró a Beatric Day (Lexi Randall), una niña que siempre creyó en él: “Engancha tu carreta a una estrella, cariño. He vivido mi vida según eso.” (Hitch your wagon to a star, sweetheart. I've lived my life by that.).

 
 
Ayer (28 de noviembre de 2025) en la inauguración del Cuarto Concurso Nacional de Fotografía Javier Ramírez Limón mi pieza participante resultó ganadora del Premio de Adquisición entre las magníficas obras de artistas de gran trayectoria y de quienes conozco a maestras y maestros, compañeras, compañeros de cursos que se convirtieron en amigas y amigos.
 
Participar en el Cuarto Concurso Nacional de Fotografía Javier Ramírez Limón ha sido una gran experiencia y solo el hecho de quedar seleccionado ya me hacía ganador pues dado el gran nivel que sigue adquiriendo este evento que rememora a mi gran maestro Javier Ramirez Limón, además de que mi trabajo dialogue con el de las y los demás participantes, es una gran oportunidad de aprendizaje.
Evidentemente es un gran aliciente para continuar trabajando y bueno solo me resta felicitar a cada una y uno de las y los participantes pues estoy impresionado por la calidad y discurso de sus trabajos.
 
Sin duda esta noche, favorablemente para mí ⭐️ las estrellas cayeron en Henrietta ⭐️
 
Estoy muy contento y agradecido con el equipo del Museo de Arte de Sonora y el Instituto Sonorense de Cultura por tomarme en cuenta y a los jueces por su favorable fallo hacia mi trabajo.
 
Muchas gracias a todas las personas que me han acompañado durante este tiempo con sus enseñanzas y experiencias compartidas las cuales me han ayudado a estar aquí. La lista es muy amplia y diversa, mi agradecimiento de todo corazón para ustedes, pues: “Estoy parado en los hombros de gigantes que han estado aquí antes.
 


 
 
✨Gracias, gracias, gracias.🙏🏼✨ 
 

17 dic 2023

Dejemos que llegue el final de los tiempos... (borrador de diciembre del 2023 que apenas vió la luz)

Tuve el honor de conocer a John Sevigny, fotógrafo estadounidense a quien conocí a través de redes sociales en 2007 cuando él radicaba en Saltillo y a quien invité a impartir su taller de fotografía callejera en Casa del Artista (Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín), desde entonces entre ambos se entabló una bonita amistad a pesar de no coincidir mucho por la distancia, John ocasionalmente me procuraba aquí en Torreón; John fue un incansable nómada en nuestro país y Centroamérica en la búsqueda de imágenes para incorporar a su amplio cuerpo de trabajo que dio luz varias publicaciones; desde entonces siempre mantuvimos contacto a través de mensajería electrónica y las mismas redes sociales, por lo que cada dos o tres años, volvimos a concordar reunirnos aquí en Torreón.

 En 2010, repitió la experiencia, regresó a La Laguna para la presentación de su libro Un muerto pare el santo en la Casa del Artista y en la universidad donde impartía clases, la Ibero Torreón, este año la violencia llegó al punto álgido pero eso no frenó del todo nuestra promoción de la práctica fotográfica callejera con su libro.

De igual manera en 2012 nos volvimos a reunir, en esta ocasión con un taller de Fotografía Callejera y Composición también en Casa del Artista, generalmente a su llegada era ponernos al corriente de andanzas al calor de unas heladas cervezas en alguna cantina lagunera, departiendo con sus siempre interesantes anécdotas.

Pasó el tiempo y durante la pandemia de COVID-19 me enteré de que estaba en El Salvador, Honduras y Guatemala, posteriormente coincidiríamos a través de redes sociales y una reunión virtual y retomaríamos charla a través de Zoom o Meet. Luego del encierro pandémico, John retornó al país, con más material y anécdotas, como el de su secuestro y su pasión aventurera de registrar lugares de cierto riesgo como bares y cantinas.

Entre 2022 y 2023 acordamos reunirnos en La Laguna para la presentación de su más reciente material y la próxima salida de su último libro. En Mayo del mismo año nos reunimos en Torreón, realizamos su presentación de libro Let the good times roll (Deja que llegue el final de los tiempos) en Café Canijo de Lerdo, Dgo., y se llevó a cabo un taller de foto de calle express muy práctico con un pequeño grupo entusiasta entre amistades de ambos y estudiantes míos. Al cabo de 3 días John retornaba a Saltillo, Coah., para continuar su itinerario hacia CDMX, con la promesa de vernos en otoño para presentar el último libro físicamente: League of the Dead (La Liga de los muertos).

Gran sorpresa del destino que, sabiendo que ya había comenzado a presentar su libro en CDMX, el 05 de noviembre por la tarde repentinamente recibo una llamada de quien se identificó como su pareja para darme una estrujante noticia: John había fallecido.

Para mi fue increíble la noticia, John mi maestro de foto callejera y amigo había trascendido a otro plano, el plano de la luz que añoramos quienes laboramos con ella, la luz que buscamos como sinónimo de verdad en la absurda realidad que nos acoje. 

"Todo profeta de la fatalidad necesita dos cosas: instrucciones de algún dios o diosa y un par de ojos atentos para ver el triste y lamentable estado del mundo" estas fueron algunas de las palabras en el penúltimo libro de John Sevigny. 

Nacido en Miami en 1969, John Sevigny fue fotógrafo, escritor y docente. Se desempeñó como reportero y fotógrafo de Associated Press y EFE News. John realizó más de 50 exposiciones individuales incluyendo muestras en Estados Unidos, Países Bajos, México, El Salvador, Guatemala y participó en innumerables exposiciones colectivas en todo el mundo. Sus impresiones artísticas se encuentran en colecciones públicas y privadas de todo el mundo. De su autoría fotográfica plasmada en libros de fotografía están Callejón de Milagros (2020), Fuego del cielo (2019), El Muerto Pare el Santo (2010), Let the End Times Roll (2022) y League of the Dead (2023).

Me falta un amigo (uno más), un maestro (entre otros maestros acaecidos previamente), me falta un cómplice de fotografá de calle, John te fuiste repentinamente, como la blanca niña que nos sorprende para acompañarla y que no falla en su empeño de no dejarnos ir.

Hasta pronto querido John, ¡dejemos que llegue el final de los tiempos!.

 

19 jun 2023

En busca de cumplir nuestro anhelo

KCR.
Hace unas semanas tuve el privilegio de conocer a una joven familia migrante aquí en Torreón, procedentes de Venezuela; entre tantas personas que pasan por La Laguna en busca de lograr sus sueños. Habían llegado hace dos semanas, los conocí durante un fin de semana más caluroso, el primer día de la ola de calor que ha imperado estos días.

Me dieron la oportunidad de acercarme y platicar con ellos, platicamos de su experiencia por nuestro país,  por nuestra ciudad y acerca de la travesía en "la bestia", me compartieron bastante de su tiempo y fue muy interesante conocerles un poquito entre los temas que se fueron dando en la plática, mientras me permitían tomarles algunas fotos.

Generalmente a quienes migran se les criminaliza, se les denigra, se les ignora, se les invisibiliza. Se les ve como rival, como invasor de nuestro territorio, y cuando les vemos pidiendo ayuda, lo primero son los prejuicios acerca de ¿porqué sólo extienden la mano?, la meritocracia en todo su esplendor ante la falta de empatía.

Familia Yee-Wah, circa 1949. Mi suegro
al centro junto a sus padres y hermanas.
Detrás de mi suegro, el tío de su padre
por quien llegó a Torreón.
  

Las personas migrantes no son diferentes de nosotros, si tan solo vieramos que hay muchas razones para abandonar su territorio, desde cuestiones económicas, políticas, de violencia, de emergencia climática o simplemente el derecho de todo humano a buscar mejores oportunidades de vida.

Hace un siglo, los abuelos de Esther, mi esposa, migraron y coincidieron en Torreón; ciudad joven que se atribuye un origen cosmopolita por la influencia  de las etnias diversas que aquí se congregaron y fueron parte significativa del desarrollo comercial de la naciente ciudad.  En 1911, en plena Revolución Mexicana, entre el 13 y el 15 de mayo, se dio un desdichado acontecimiento, la matanza de cientos de ciudadanos chinos. 

Los abuelos de Esther libraron este hecho, sin embargo no fueron ajenos a la persecución de chinos en los años subsecuentes, nunca lo mencionaron a sus descendientes y ellos no preguntaron, sólo hubo un silencio y la abstención del uso idioma de su origen con cualquier justificación, que evidencía, ante la actual ausencia de ellos, la renuncia a su identidad para evitar complicaciones, pero que atando cabos entre la historia y las anécdotas, es fácil entender.   

Sin embargo, algo que distingue esta región a pesar de lo agreste del territorio es la hospitalidad, no faltó quien tendiera la mano y con el valor que los abuelos tuvieron de mantenerse en esta tierra, en Torreón, formaron su familia, si no no hubiera conocido a Esther, y mi familia no sería la misma. Ahora que sé el origen de la familia de Esther, además de empatizar con ella, me hace identificarme, pues es de humanos buscar lograr hacer realidad nuestros sueños, yo sigo luchando por los míos en el mismo territorio.

La noticia esperada, lo lograron.

Esta linda familia venezolana partiría en los días siguientes con la intención de llegar a la frontera en busca del "sueño americano". Hoy por la tarde, recibí por mensajería instantánea, la confirmación que esperaba desde hace un par de días, lo habían logrado, ya están en los Estados Unidos; no sé en qué condiciones, sólo espero que allá al igual que aquí logren encontrar quienes les favorezcan. 

Todos estamos en una continua lucha por lograr nuestros anhelos, nadie está exento, ¿no sería formidable que nos tendieramos la mano?, las cosas serían más fáciles.

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16 jun 2023

Los mamones de Jairo

 

Don Jairo, platicando en su casa aquel Viernes Santo, previo 
a la Procesión del Silencio en Viesca, Coah.
C
onocí a Don Jairo en el verano de 2015. En ese entonces fuimos al municipio de Viesca, en el estado de Coahuila, buscando los dichosos mamones, unos panes que se producen en este pueblo mágico ubicado en el semi desierto de la Región Lagunera; pues la idea era realizar un trabajo documental como ejercicio del taller Memoria Óptica que estaba impartiendo mi amigo y maestro “Don Apa” Mariano Aparicio, ejercicio que llevaría a cabo Javier Rivera, también amigo y alumno de este taller.

Preguntando por esta delicia de postre, la referencia obligada fue Santos Jairo López Juárez quien junto a su esposa, los elaboraban de manera artesanal, así como también los tradicionales dulces de leche quemada y nuez. Fue así que dimos con la casa de Don Jairo donde nos recibieron con gran amabilidad y nos permitieron realizar el registro fotográfico, además de disfrutar de su bello jardín, lleno de árboles y macetas, el cual incluía algunos animales, como tortugas en un pequeño estanque donde varias de ellas posaban entre sombra y sol; varias jaulas de diferentes tamaños con canarios, chenchos, un pavo real y lo que más llamó mi atención, un cuervo enorme que ocasionalmente entre graznidos llamaba a Don “Jairo”.

Desde entonces la casa de Don Jairo se volvió visita obligatoria cada ida a Viesca, fuera por gusto o por excursión al llevar a mis alumnos, y no se diga en Semana Santa el Viernes Santo, cuando se realiza la Procesión del Silencio en Viesca. En 2016-2017, tardíamente me enteré de que su esposa había fallecido. Así continuamos visitándole los siguientes años; Don Jairo nos decía que estaba bien más era notorio que extrañaba a su esposa. Por mi parte volví a Viesca cada vez que había oportunidad, hasta que llegó el 2020, con este la pandemia y por tanto, el confinamiento además del obligado home office. Por los siguientes dos años tampoco me fue posible regresar, más tuve muy presente a mi amigo Don Jairo.

Este 2023, fue diferente y aproximándose la Semana Santa, me dispuse a organizar, un pequeño grupo de alumnos y entusiastas, para ir a Viesca, obviamente lo primero que planeé al llegar al pueblo, fue buscar a Don Jairo. Mucho me alegró encontrar a Don Jairo, quien nos recibió con mucho gusto, sorprendiéndome que aún me recordara, pues había pasado tiempo e imagino la gran cantidad de visitas y personas que conoció, aún así, le dio gusto vernos y nos invitó a pasar, platicamos un rato en su jardín, a la vez que nos percatamos de la ausencia del cuervo, el pavo real, los canarios, las tortugas y las macetas ya eran pocas, y la vegetación se veía descuidada; notoria era la ausencia de su mujer además de notar también que estaba más delgado y sus manos deformadas con varias bolitas posiblemente a causa de artritis. Don Jairo acababa de entregar ese día su producción de mamones y dulces, aquel viernes no pudimos degustar de esas delicias, por lo que dijimos aDon Jairo que luego le llamaríamos para hacer un pedido y volver a visitarle. 

El tiempo y las actividades me absorbieron nuevamente, el ahorita o el mejor mañana no se detuvieron, luego de casi dos meses, pasó lo que aquel día intuí al verle, el 22 de mayo, mi amigo Don Jairo partió para reunirse con su mujer y su cuervo; yo deseo y confío, que no haya sufrido, que su reunión haya sido grata y sin dolor. Hace unas horas buscando unas notas que hace algunos años publiqué en Facebook, la red repentinamente me llevó a una nota de un grupo de Viesca al que no pertenezco, pero que hizo enterarme de este triste suceso, me estremeció y me hizo consciente de cómo vuela el tiempo

Don Jairo fue incansable, se dedicó al box de manera local y destacó ganando premios, se casó y dedicó su vida a su pareja, juntos mantuvieron una tradición gastronómica artesanal, herencia de saberes de familia transferidos de generación en generación, que contribuyó a que Viesca lograra la denominación de pueblo mágico. La tradición que obraba Don Jairo quizá se haya perdido, espero que no sea así; lo que más extrañaré son las anécdotas que nos compartía Don Jairo, así como el gran ejemplo de laboriosidad y constancia de una persona cuya generación acostumbraba a ser así, a no rendirse, de entregarse y poner el corazón a su labor; se ha ido un amigo, un gran anfitrión y gran persona, descansa en paz querido Jairo, nos hemos de volver a ver.
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14 may 2023

Y busqué hasta el fin

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Una tarde hace casi 10 años, que recibí de obsequio una caja con objetos, entre los cuales contenía una cámara fotográfica, entre documentos de identidad, algunas facturas, fotos de credencial, cajas con papel fotográfico, pequeños instrumentos peculiares y antiguos, correspondencia en chino, una cajita y un sobre con lo que parecían negativos de nitrocelulosa algunos un poco agrietados, entre otras cosas.

Ese día, mi suegro José Emilio Yee Wah, dejó en custodia a Esther, mi esposa, y a mi, esta arca del tesoro, y en mi la responsabilidad de hacer con esto algo, promesa de poner un día en algún punto de la historia, el quehacer de su padre Emilio Yee Tang, a quien perteneció este diminuto acervo y equipo fotográfico.

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Fue así como quedé inmerso en el misterio de la vida del abuelo Emilio, quien entre las pistas que me regaló mi suegro, busqué traducir algunas cartas, ligar las fechas de los documentos con sucesos históricos locales, ver el registro de extranjeros del archivo municipal, y hasta leer acerca de un suceso que desde niño escuché en anécdotas de mi abuela quien viviera de cerca la revolución, este es la Masacre de Chinos en 1911 en Torreón

Sin embargo, más importante me pareció la vida de Emilio y el cómo libró las viscisitudes de la vida además del hostigamiento del que fueron objeto los migrates chinos durante décadas en el país y en la Región Lagunera

La vida de Emilio me hizo empatizar e identificarme con él, tratar de saber cómo se apasionó de la imagen pero no continuarla, y con ello dejar muchas reguntas al respecto, pues le dedicó tiempo y esfuerzo; evidencias son las fotos que poco a poco fui desvelando al positivar digitalmente, las tarjetas de fórmulas, los accesorios de laboratorio y la inversión que realizó en todo esto. Seguro no fue una vida sencilla, menos combinar quizá la afición y la vida misma.

Fue así que a través de anécdotas, la historia, la memoria de sus hijas, pues mi suegro hace 4 años que falleció; que he ido hilvanando, a través de todo esto y el contenido del arca en mis manos, una historia de vida con la queme identifico por la fotografía y a la vez encuentro no muy diferente, la lucha por ser mejor; pero para nada imagino qué es enfrentar la discriminación y violencia que muchos de sus paisanos sufrieron y quizá el mismo Emilio sobrellevó.

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¿Y qué tiene qué ver Emilio conmigo? Nos une la fotografía, al menos sigo luchando por lograr mi sueño en dedicarme de lleno a ella, nos unen lazos de familia, Esther su nieta, pero más la motivación por el éxito de lograr nuestras metas y dejar huella en aquellas y aquellos que nos sucederán.

Mi búsqueda sigue y entre más encuentro información, más me apasiono de esto, encuentro similitudes en lo poco que sé de mi familia, mis propios orígenes y la importancia de conocerlos para entenderme más, mi sentido de ser.

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Fragmentos de la canción “Y busqué” de Rozalén ©️ bit.ly/RozalenYBusque

 Texto de “Y busqué hasta el fin” elaborado en septiembre de 2021 por Esther Yee y Miguel Espino, proyecto resultante de ejercicio de Taller de Foto-per-zine “Mi selfie favorita” - Autoeditoras: hacemos femzines! - Gelen Jeleton, Iurhi Peña y Berenice Medina - EFOLIO.003. Articulaciones y montaje - Centro de la Imagen



   



7 may 2023

Otro cumpleaños, tía Tere


Mi tía Tere en uno de sus últimos cumpleaños.
Detrás de ella uno de los libreros con sus libros.
H
oy es el cumpleaños María Teresa, mi tía más querida, mi tía Tere, quien hace 2 años falleció, víctima de esta revolcada llamada COVID19.

Mi tía es el motivo porque me interesa la música, la lectura, la historia y fue ella quien me introdujo en cierta manera al arte a través de los libros que ella atesoraba: enciclopedias, novelas clásicas, libros de historia y discos de música de vinilos LP. La sala de casa de mi abuela fue uno de mis lugares favoritos desde que llegaba de la escuela, luego de hacer la tarea, me tiraba en el sillón individual y leía mis historietas, y conforme avanzaba, me gustaba consultar las enciclopedias para consultar y/o corroborar algunas cosas que me interesaran de la lectura. Por ejemplo, una de mis historias favoritas fue de una especie de cómic acerca de la novela de Miguel (Michel) Strogoff de Julio Verne, con la que mi imaginación volaba a tan remotos lugares de la Rusia zarista, mientras simultáneamente escuchaba uno de sus discos que más disfruté, el del Mandolin’ Club de Paris - A Través de Rusia, el cual era para mi como la banda sonora de mi historieta. De igual manera, en la enciclopedia Quillet, también propiedad de mi tía, buscaba qué era el hidromiel, dónde quedaba Tomsk e Irkutsk, quienes eran los tártaros y así todo lo que me llamaba la atención y desconocía. Fue de este modo que pasaba las tardes antes de salir a jugar con mis amigos, quienes se deleitaban de estas historias que luego les contaba mientras jugábamos. 

Muchos de mis historietas, con el tiempo, los descuidos y algunas mudanzas se fueron perdiendo, sin embargo mi madre un día me obsequió una colección de libros con las novelas clásicas de varios autores, entre ellos, Julio Verne. Pasó el tiempo y esos libros de mi tía, por alguna razón, también fueron desapareciendo de su librero, no sé si los obsequió o los vendió, pues le daba por deshacerse de aquello que le parecía obsoleto.

Gracias a esas lecturas y la memoria pues no se olvida fácil lo que nos gusta, que cuando visitaba a mi tía, no faltaba una referencia a aquellos recuerdos de esos libros que fueron parte de mi aprendizaje. Me fascinaba ir a platicar con ella acerca de las experiencias que iba teniendo en la adultez, la docencia y la fotografía, y me encantaba que ella me diera su parecer, pues siempre tenía un consejo o sugerencia, además de platicar anécdotas respecto a mi abuela.

Mi tía desde hace unas décadas comenzó a padecer Lupus y posteriormente EPOC, por lo que cuando llegó la pandemia debió tener muchos más cuidados ante su vulnerabilidad. Sin embargo, siempre antepuso el bienestar de sus hermanos al de ella misma; cuidaba a mi tío Beto y aún en pandemia le acompañaba a sus citas al IMSS.

Unas semanas antes de que enfermara, platicaba con ella por teléfono acerca de cómo le agradecía que me hubiera contagiado en mi infancia, de la afición por la filatelia, la cual abandoné por tiempo, pero en el encierro encontré un álbum y le encontré utilidad. Platiqué de proyectos respecto a memoria e identidad y le decía que no se deshiciera de álbumes de fotos familiares pues pronto pretendía trabajar con material de ellos, más era demasiado tarde, ya había regalado de estos meses antes. 

Le decía que quería hacer unas foto a ella, a mi tía Coco y a mi tío Beto, pues fueron de los tíos más cercanos en mi infancia y toda la vida. Nunca imaginé que días después serían los últimos en que les vería; en un descuido se contagiaron de algún modo de COVID19. Tere y Beto presentaron los síntomas y en un par de días empeoraron y en menos de una semana fallecieron, sólo mi tía Coco quien fue la última en presentar síntomas, milagrosamente sobrevivió, no la contábamos pero luego de semanas bajo tratamiento y supervisión se recuperó. Pasaron meses en que volviera a visitar su casa, desde entonces más que nunca, ver el librero con algunos de los libros de mi tía Tere inmediatamente me remontan a mi infancia, viniendo a mi sonidos de Chopin, Tchaikovsky, Concierto de Aranjuez, Dolores Pradera, Richard Claiderman, Ray Conniff, por mencionar entre muchos otros con los que también la recuerdo.

Mi tía, en una visita a su casa en 2019.
Sin duda mi tía Tere sería el último eslabón que me acercaba a mi abue, no por el lazo de sangre, sino en el sentido de con quien platicar acerca de las anécdotas, historias de la familia y no se diga de las lecturas, además de recordarme episodios de mi infancia, que inmediatamente me regresaba a las bellas experiencias con mi abuela Otilia. 

Hoy en su día, con mucho agradecimiento solo me resta recordarla con aquella sonrisa que le caracterizó. A mi abuela y a ti, tía Tere, las tengo siempre muy presentes; ¡feliz cumpleaños tía Tere! ¡Por favor dale mis saludos a mi abue!

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➕LEÍDO