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Los mamones de Jairo

 

Don Jairo, platicando en su casa aquel Viernes Santo, previo 
a la Procesión del Silencio en Viesca, Coah.
C
onocí a Don Jairo en el verano de 2015. En ese entonces fuimos al municipio de Viesca, en el estado de Coahuila, buscando los dichosos mamones, unos panes que se producen en este pueblo mágico ubicado en el semi desierto de la Región Lagunera; pues la idea era realizar un trabajo documental como ejercicio del taller Memoria Óptica que estaba impartiendo mi amigo y maestro “Don Apa” Mariano Aparicio, ejercicio que llevaría a cabo Javier Rivera, también amigo y alumno de este taller.

Preguntando por esta delicia de postre, la referencia obligada fue Santos Jairo López Juárez quien junto a su esposa, los elaboraban de manera artesanal, así como también los tradicionales dulces de leche quemada y nuez. Fue así que dimos con la casa de Don Jairo donde nos recibieron con gran amabilidad y nos permitieron realizar el registro fotográfico, además de disfrutar de su bello jardín, lleno de árboles y macetas, el cual incluía algunos animales, como tortugas en un pequeño estanque donde varias de ellas posaban entre sombra y sol; varias jaulas de diferentes tamaños con canarios, chenchos, un pavo real y lo que más llamó mi atención, un cuervo enorme que ocasionalmente entre graznidos llamaba a Don “Jairo”.

Desde entonces la casa de Don Jairo se volvió visita obligatoria cada ida a Viesca, fuera por gusto o por excursión al llevar a mis alumnos, y no se diga en Semana Santa el Viernes Santo, cuando se realiza la Procesión del Silencio en Viesca. En 2016-2017, tardíamente me enteré de que su esposa había fallecido. Así continuamos visitándole los siguientes años; Don Jairo nos decía que estaba bien más era notorio que extrañaba a su esposa. Por mi parte volví a Viesca cada vez que había oportunidad, hasta que llegó el 2020, con este la pandemia y por tanto, el confinamiento además del obligado home office. Por los siguientes dos años tampoco me fue posible regresar, más tuve muy presente a mi amigo Don Jairo.

Este 2023, fue diferente y aproximándose la Semana Santa, me dispuse a organizar, un pequeño grupo de alumnos y entusiastas, para ir a Viesca, obviamente lo primero que planeé al llegar al pueblo, fue buscar a Don Jairo. Mucho me alegró encontrar a Don Jairo, quien nos recibió con mucho gusto, sorprendiéndome que aún me recordara, pues había pasado tiempo e imagino la gran cantidad de visitas y personas que conoció, aún así, le dio gusto vernos y nos invitó a pasar, platicamos un rato en su jardín, a la vez que nos percatamos de la ausencia del cuervo, el pavo real, los canarios, las tortugas y las macetas ya eran pocas, y la vegetación se veía descuidada; notoria era la ausencia de su mujer además de notar también que estaba más delgado y sus manos deformadas con varias bolitas posiblemente a causa de artritis. Don Jairo acababa de entregar ese día su producción de mamones y dulces, aquel viernes no pudimos degustar de esas delicias, por lo que dijimos aDon Jairo que luego le llamaríamos para hacer un pedido y volver a visitarle. 

El tiempo y las actividades me absorbieron nuevamente, el ahorita o el mejor mañana no se detuvieron, luego de casi dos meses, pasó lo que aquel día intuí al verle, el 22 de mayo, mi amigo Don Jairo partió para reunirse con su mujer y su cuervo; yo deseo y confío, que no haya sufrido, que su reunión haya sido grata y sin dolor. Hace unas horas buscando unas notas que hace algunos años publiqué en Facebook, la red repentinamente me llevó a una nota de un grupo de Viesca al que no pertenezco, pero que hizo enterarme de este triste suceso, me estremeció y me hizo consciente de cómo vuela el tiempo

Don Jairo fue incansable, se dedicó al box de manera local y destacó ganando premios, se casó y dedicó su vida a su pareja, juntos mantuvieron una tradición gastronómica artesanal, herencia de saberes de familia transferidos de generación en generación, que contribuyó a que Viesca lograra la denominación de pueblo mágico. La tradición que obraba Don Jairo quizá se haya perdido, espero que no sea así; lo que más extrañaré son las anécdotas que nos compartía Don Jairo, así como el gran ejemplo de laboriosidad y constancia de una persona cuya generación acostumbraba a ser así, a no rendirse, de entregarse y poner el corazón a su labor; se ha ido un amigo, un gran anfitrión y gran persona, descansa en paz querido Jairo, nos hemos de volver a ver.
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