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sábado, 17 de enero de 2026

Dejemos que llegue el final de los tiempos... (borrador de diciembre del 2023 que apenas vió la luz)

Tuve el honor de conocer a John Sevigny, fotógrafo estadounidense a quien conocí a través de redes sociales en 2007 cuando él radicaba en Saltillo y a quien invité a impartir su taller de fotografía callejera en Casa del Artista (Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín), desde entonces entre ambos se entabló una bonita amistad a pesar de no coincidir mucho por la distancia, John ocasionalmente me procuraba aquí en Torreón; John fue un incansable nómada en nuestro país y Centroamérica en la búsqueda de imágenes para incorporar a su amplio cuerpo de trabajo que dio luz varias publicaciones; desde entonces siempre mantuvimos contacto a través de mensajería electrónica y las mismas redes sociales, por lo que cada dos o tres años, volvimos a concordar reunirnos aquí en Torreón.

 En 2010, repitió la experiencia, regresó a La Laguna para la presentación de su libro Un muerto pare el santo en la Casa del Artista y en la universidad donde impartía clases, la Ibero Torreón, este año la violencia llegó al punto álgido pero eso no frenó del todo nuestra promoción de la práctica fotográfica callejera con su libro.

De igual manera en 2012 nos volvimos a reunir, en esta ocasión con un taller de Fotografía Callejera y Composición también en Casa del Artista, generalmente a su llegada era ponernos al corriente de andanzas al calor de unas heladas cervezas en alguna cantina lagunera, departiendo con sus siempre interesantes anécdotas.

Pasó el tiempo y durante la pandemia de COVID-19 me enteré de que estaba en El Salvador, Honduras y Guatemala, posteriormente coincidiríamos a través de redes sociales y una reunión virtual y retomaríamos charla a través de Zoom o Meet. Luego del encierro pandémico, John retornó al país, con más material y anécdotas, como el de su secuestro y su pasión aventurera de registrar lugares de cierto riesgo como bares y cantinas.

Entre 2022 y 2023 acordamos reunirnos en La Laguna para la presentación de su más reciente material y la próxima salida de su último libro. En Mayo del mismo año nos reunimos en Torreón, realizamos su presentación de libro Let the good times roll (Deja que llegue el final de los tiempos) en Café Canijo de Lerdo, Dgo., y se llevó a cabo un taller de foto de calle express muy práctico con un pequeño grupo entusiasta entre amistades de ambos y estudiantes míos. Al cabo de 3 días John retornaba a Saltillo, Coah., para continuar su itinerario hacia CDMX, con la promesa de vernos en otoño para presentar el último libro físicamente: League of the Dead (La Liga de los muertos).

Gran sorpresa del destino que, sabiendo que ya había comenzado a presentar su libro en CDMX, el 05 de noviembre por la tarde repentinamente recibo una llamada de quien se identificó como su pareja para darme una estrujante noticia: John había fallecido.

Para mi fue increíble la noticia, John mi maestro de foto callejera y amigo había trascendido a otro plano, el plano de la luz que añoramos quienes laboramos con ella, la luz que buscamos como sinónimo de verdad en la absurda realidad que nos acoje. 

"Todo profeta de la fatalidad necesita dos cosas: instrucciones de algún dios o diosa y un par de ojos atentos para ver el triste y lamentable estado del mundo" estas fueron algunas de las palabras en el penúltimo libro de John Sevigny. 

Nacido en Miami en 1969, John Sevigny fue fotógrafo, escritor y docente. Se desempeñó como reportero y fotógrafo de Associated Press y EFE News. John realizó más de 50 exposiciones individuales incluyendo muestras en Estados Unidos, Países Bajos, México, El Salvador, Guatemala y participó en innumerables exposiciones colectivas en todo el mundo. Sus impresiones artísticas se encuentran en colecciones públicas y privadas de todo el mundo. De su autoría fotográfica plasmada en libros de fotografía están Callejón de Milagros (2020), Fuego del cielo (2019), El Muerto Pare el Santo (2010), Let the End Times Roll (2022) y League of the Dead (2023).

Me falta un amigo (uno más), un maestro (entre otros maestros acaecidos previamente), me falta un cómplice de fotografá de calle, John te fuiste repentinamente, como la blanca niña que nos sorprende para acompañarla y que no falla en su empeño de no dejarnos ir.

Hasta pronto querido John, ¡dejemos que llegue el final de los tiempos!.

 

jueves, 22 de junio de 2023

Dos naufragios que marcan el contraste global de desigualdad


La madrugada del 14 de junio del presente, al sur de Grecia en el mar Jónico, naufragó el Adriana, un bote pesquero con más de 750 migrantes de origen pakistaníes, sirios, palestinos y egipcios, testigos mencionan la presencia de un barco de la Guardia Costera griega rastreando la superficie oscura del agua, esa noche perdieron la vida más de 100 niños. Solo un súper yate acudió al llamado de auxilio.

Esa mañana del 19 de junio, 5 días después del naufragio de migrantes, se extravió el submarino Titan de la empresa OceanGate con 5 personas a bordo, entre ellos tripulación y empresarios multimillonarios quienes pagaron miles de dólares para descender a la profundidad y poder contemplar los restos del RMS Titanic, que yace frente a la costa de Halifax (Canadá). El submarino se perdió aproximadamente a 650 km de Cabo Cod (Massachusetts) y a casi 4,000 m de profundidad.


Del primer naufragio pocos se enteraron, del segundo todos estuvieron pendientes, vaya que en los medios y las redes sociales contrasta la desigualdad global, reflejo de cómo se han colonizado el alma, las creencias, los valores y la mirada misma. Vivimos en un mundo indiferente de los pobres.

El súper yate Mayan Queen IV propiedad de la familia Baillères, una de las más acaudaladas de México, navegaba la madrugada del 14 por el Mediterráneo cuando recibió el llamado de auxilio, se trataba del barco con migrantes en emergencia a 4 millas náuticas de su posición; aproximadamente a 20 minutos del naufragio, el imponente yate logró rescatar a 100 de los 750 migrantes.

¿Sólo uno respondió al llamado? Al parecer tres embarcaciones acudieron a auxiliar, la del millonario mexicano fue una. Para el submarino la ayuda fue proporcional a la distancia del hundimiento. La cultura del cuidado es algo que, podría decirse, distingue a México; independientemente de esto, la empatía se refleja en las acciones de la tripulación del Mayan Queen IV, mostrando la verdadera humanidad de estas historias.

Los medios mundiales se lamentan más por la pérdida de la tripulación del Titán, los titulares lo confirman; los migrantes que perdieron la vida no fueron ni serán de tanto interés. 

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