6 feb 2026

Fotobordado, ¿porqué?

Abuela
Hace 7 años (2019), luego de ser docente del Colectivo Comunitario de Fotografía de Gómez Palacio del programa Colectivos Comunitarios que coordinaba Culturas Comunitarias Indígenas y Urbanas, fui invitado (no postulé) por parte de Secretaría de Cultura del Gobierto de México para ser docente en los Semilleros Creativos, dentro del programa de Cultura Comunitaria, a raíz de la información de resultados que tenían del Colectivo de Foto.

Participar en este programa fue una experiencia más grata que la anterior porque como docente de fotografía tuve hasta cierto punto la libertad de cátedra además de que en un inicio no contaba con el equipo fotográfico digital del proyecto previo, me vi en la necesidad de arrancar con lo que había, siendo así que, con la experiencia en fotografía estenopeica de un proyecto municipal que desarrollé y llevé a cabo como intermedio entre los dos programas federales, trabajé esta técnica con niños, adolescentes y jóvenes del semillero, con el grato resultado de lograr que fuera reconocido el trabajo de infancia y juventud para exponerse en el Auditorio Nacional en Tengo un Sueño en su primer edición en CDMX.

El siguiente año (2020) al comenzar, nuestra propuesta fue acerca de los procesos alternativos como complemento, desarrollando prácticas con Antotipia, Clorotipia y Cianotipia, combinando con la Estenopeica. Por ende, más allá de la técnica, la encomienda fue generar discursos con estas técnicas en la imagen y lo fotográfico. Sin embargo, con la pandemia de COVID 19 y el obligado encierro, el Home Office o Trabajo desde Casa, detonó una amplia gama de ofertas de cursos a distancia en línea y entre ellas muchas técnicas como la de Fotobordado, que me atraía de los trabajos de algunas maestras en Oaxaca como Mayra Biajante a quien seguía desde 2019. Sin embargo poco pude abordar esta técnica que quedó en pequeños ejercicios introductores no aplicados a la fotografía. Por cierto, destaco que me quedé con un curso de Domestika de Gimena Romero guardado en esa plataforma.

Semillero Creativo de Fotografía en práctica de bordado
No obstante la semilla de esta inquietud seguía latente, y fue hasta el año pasado que logré cursar un taller básico con Mayra Biajante lo que me abrió el panorama con esta técnica, pues la práctica de surcir mis prendas o las de mis hijas cuando requerían algún remiendo me facilitó mucho el poner en práctica el Fotobordado, no porque fuera experto sino porque desde niño y gracias a mi abuela materna quien me guió para remendar mi ropa y viéndola a ella hacerlo, me llevó a cierta lógica intuitiva que me permitió conseguir remendar en emergencias.

Aplicarlo a la fotografía y buscar la creatividad expresiva en la misma me llevó a hacer dos prototipos, uno inconcluso y otro que me gustó y me permitió realizar una pieza que finalmente presenté como pieza complementaria del proyecto Quién es Emilio Yee Tang, realizado para el Seminario de Fotografía del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (CENIDIAP), del que derivó la pieza que postulé para el Cuarto Concurso Nacional de Fotografía Javier Ramírez Limon y la cual quedó seleccionada para la exhibición y que resulto ser la riza que me hizo acreedor al premio de adquisición de este concurso.

Exposición A Ras de Suelo en el Taller
de Gráfica El Chanate en Torreón, Coah.
Pero ¿de dónde viene este interés en una técnica que generalmente realizan las mujeres, por qué  apropiarme de esta técnica? Pues la respuesta es simple, debido a mi abuela y el zurcido intuitivo que le aprendí además de verle tejer, cosa que no me avergonzaba y menos hacerlo, pues convivir durante mi infancia y adolescencia con mayoría de mujeres, además de los trabajos manuales que me asignaron durante la primaria para la realización de regalos para el día de las madres. Por otro lado el continuar viendo la práctica del tejido con mi madre y posteriormente con Esther mi esposa quien se ha dedicado al Crochet como punto de partida de otros proyectos durante varios años y quien continuamente me invitaba a aprender más yo no me animaba, y de quien admiro su labor por el perfeccionamiento de su técnica y obviamente sus resultados.

Una vez iniciado esta técnica del Fotobordado, he sido alumno de Marina Cerruti y viendo la creatividad de mis compañeras en su taller, he ido buscando cada vez más, referentes actuales y la historia del bordado para entender más acerca de esta bella labor. Y en esta búsqueda me encontré con que el bordado fotográfico, esa intervención con aguja e hilo sobre la imagen impresa, no es un capricho menor: tiene una genealogía que se hila con la memoria y la resistencia. Como bien apunta Charlotte Vannier en Del hilo a la aguja, el bordado actual va mucho más allá de lo doméstico; el hilo es capaz de generar obras completas cuando se atreve a traspasar los límites de la tradición. Y en ese mismo espíritu, artistas como Garbi Galatea, quien con su proyecto Bordado borrado tapa con hilos los rostros de personas agresoras para "sanar" memorias— o Lorena Olmedo, quien dibuja con hilos de colores bordando sobre fotos, reinterpretando totalmente la imagen original, logrando piezas únicas hechas a mano que transforman la personalidad del personaje o acentúan un rasgo. Un estilo original que combina la fotografía con el bordado, me mostraron que esta práctica puede ser una herramienta de agencia y resignificación del pasado.



Derivas sobre el suelo (2025)
Algo que me encantó del bordado es que me permite una gran relajación y reflexión además de ser completamente compatible con la experiencia adquirida en el Semillero Creativo que aplicó a los procesos alternativos principalmente aunque ya en la vida diaria también: la tolerancia al error y el accidente controlado. Porque, como he aprendido en estos años de docencia y creación, la fotografía contemporánea ya no aspira a reflejar la realidad objetiva, sino a interpretarla y resignificarla desde el presente. Y en ese sentido, el fotobordado se convierte en una capa más de información, una manera de dotar de cuerpo y textura a la imagen, de recordarnos que la fotografía también se toca y se siente, no solo se ve en una pantalla. Esa es, quizás, la lección más valiosa que me llevo de todo este viaje: que la imagen no basta; necesita cuerpo, necesita historia, necesita manos.







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