viernes, 24 de abril de 2026

Abstracciones fantasmales: la fotografía estenopeica


Fotografía Estenopeica del Puente sobre Río Nazas 
durante el Eclipse del 08 de abril del 2024.



La fotografía es mucho más que apretar un botón, pero ¿qué es la fotografía? Podríamos decir que es una imagen fijada por la luz, pero en realidad es mucho más que eso. Una foto no solo guarda un instante del pasado, sino que también nos permite asomarnos al futuro, como dijo una gran fotógrafa a quien admiro: Sally Mann. 

La fotografía como medio: Desde que se inventó, la fotografía se usó para retratar la realidad con precisión. Pero con el tiempo descubrimos que también puede expresar emociones, contar historias y despertar recuerdos. No es solo copiar lo que vemos: es un puente entre quien toma la foto, la cámara y quien la mira.

Hoy en día, con las cámaras digitales y los celulares, sacar fotos es muy fácil. Pero a veces, tanta automatización hace que perdamos la experiencia mágica de crear una imagen con calma y atención.

La fotografía estenopeica es una técnica especialExiste una forma antigua y casi artesanal de hacer fotos: la estenopeica. En lugar de usar un lente complejo, se hace con una caja o un recipiente que tiene un agujerito diminuto (llamado estenopo) por donde entra la luz. Esa luz va a impresionar un papel especial y, tras un revelado, aparece la imagen.

Esta técnica es muy distinta a la digital. No es inmediata; requiere paciencia, porque la luz necesita varios segundos o incluso minutos para grabarla escena. Además, el resultado siempre tiene algo de sorpresa: la imagen sale con bordes suaves, algo borrosa, como un sueño (imagen onírica) o un recuerdo. Precisamente por eso tiene una magia especial: nos invita a mirar con calma, a recorrer la foto como si descifráramos un mensaje.

Doble exposición en papel negativo Ilford MG,
positivado digital.
Crear con el tiempo y la luz: Hacer una foto Estenopeica es un acto de creación pura. No basta con apretar un botón: hay que construir la cámara, medir el agujero, calcular el tiempo de exposición, revelar el papel… Es un oficio que mezcla ciencia, arte y mucha paciencia. Pero lo más bonito es que el fotógrafo no controla todo. La luz, el clima, el tiempo y la propia caja deciden parte del resultado. Así que cada foto es única, casi un pequeño milagro. Y al mirarla, podemos sentir que ese instante vuelve a la vida, aunque haya quedado atrapado en el papel.

Al final, la fotografía no es solo técnica ni solo memoria. Es un medio para expresarnos, para explorar el mundo con ojos curiosos y para regalarle al futuro un pedacito de nuestro presente. Cada persona, sin importar su edad o experiencia, puede descubrir su propia forma de hacer fotos. La estenopeica es solo una invitación a hacerlo con más calma, más magia y más corazón.


¡Atenta invitación!

 Hoy 24 de abril a las 11:00 hr estaré presente realizando un taller de foto estenopeica en
la colonia Miguel de la Madrid de Gómez Palacio,  Dgo., con la finalidad de dar
a conocer esta técnica fotográfica. El taller es gratuito y abierto al público en general. 



sábado, 14 de febrero de 2026

De esta agua no beberé… y terminé bebiendo

Clase de foto en Ibero 2008
Cuando estudiaba la licenciatura en Sistemas Computarizados e Informática en la Universidad Iberoamericana, tuve más de una mala experiencia con algunos de mis profesores. No solo por su forma de enseñar y ni se diga de  sus criterios de calificar, sino por aquellos que juzgaban y jugaban con la psicología y se jactaban de ser "los filtros de la carrera". Desde entonces juré: nunca sería profesor, jamás me dedicaría a la docencia.

Pero la vida da vueltas. Durante algunos semestres y principalmente previo a egresar, conocí también a profesores que impartían sus materias con una pasión que contagiaba. Asistir a sus clases era un placer, e incluso hice amistad con algunos. Fue entonces cuando empecé a comprender que aquellas actitudes temibles que había enfrentado no nacían de la maldad, sino de la formación que ellos mismos habían recibido. Eran, simplemente, el reflejo de lo que les enseñaron.

Al egresar, me enfrenté a la realidad de muchos recién titulados: falta de experiencia y, por si fuera poco, salarios bajos. Fue entonces cuando uno de esos maestros que me inspiraban, con quien había hecho amistad, me invitó a impartir una clase en la universidad donde él trabajaba, la Universidad Autónoma del Noreste. Necesitaba el ingreso extra, así que acepté. Me presenté, hice la prueba… y el resto es historia.

Promoción de Foto de Difusión Cultural 2016
Las primeras clases fueron un manojo de nervios. Pronto descubrí que la docencia era mucho más compleja que exponer un tema: había que mantener el interés de los alumnos, motivarlos, tener paciencia y, sobre todo, tolerancia al error, empezando por el propio. Poco a poco fui habituándome. Me invitaron a impartir más materias, recibí capacitaciones pedagógicas junto con otros docentes y, sin darme cuenta, empecé a sentirme como pez en el agua.

Entendí entonces que la docencia no era sencilla. Era, ante todo, una gran responsabilidad. Si no te gustaba, era fácil caer en el patrón de aquellos maestros que había aborrecido. Pero si disfrutabas lo que enseñabas, podías adoptar la actitud contraria: motivar, inspirar.

Me mantuve varios años en esa universidad (UANE), la misma donde había cursado la preparatoria,  hasta que el trabajo en una empresa financiera me absorbió por completo. Sin embargo, en cuanto pude, acepté una nueva invitación y regresé a las aulas.

Tour urbano alumnos de Foto en Difusión Cutural 2014
Fue en esos años, mientras cursaba una materia de la maestría en la misma universidad donde había estudiado la licenciatura (Ibero), que algo inesperado ocurrió: la fotografía cruzó mi camino. Me entusiasmó de tal manera que, en mis tiempos libres, me escapaba a la biblioteca a buscar bibliografía especializada. La biblioteca tenía un fondo magnífico de arte y técnica fotográfica, y así, de forma autodidacta, empecé a formarme en este nuevo mundo.

Para 2004, tomé una decisión importante: gradualmente, comenzaría a dejar atrás los sistemas para dedicarme a la fotografía. Dos años después, ese camino me llevó a conocer a dos artistas con quienes trabé amistad. Al año siguiente, ellos me animaron e invitaron a formar parte de un proyecto que promovía la creación artística: la Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín. Fue ahí donde mi forma de apreciar la fotografía cambió para siempre.

Una excursión local de alumnos del Taller de Foto de Ibero Torreón
En la Casa del Artista, surgió la oportunidad de impartir talleres en las disciplinas que los creadores desarrollaban. Fui de los primeros en animarme a ofrecer un taller de fotografía en aquella sede. Al año de haber comenzado, recibí una invitación que me llenó de entusiasmo: impartir clases de fotografía en la carrera de Diseño Gráfico de mi alma mater, la Ibero de donde había egresado. Para mí fue un intercambio valiosísimo: mi conocimiento dialogaba con el de los aprendices de diseño. De nuevo, recibí capacitaciones pedagógicas junto con otros docentes, y durante varios años me dediqué a la enseñanza haciendo lo que más me gustaba.

Prooción de Diplomado de Foto de Ibero Torreón
Recuerdo con especial claridad una de esas capacitaciones, esta vez sobre vida ignaciana. En ella coincidí con algunos profesores veteranos a quienes había temido en mis años de licenciatura. Ellos no me recordaban, pero yo a ellos sí. Durante una sesión en la que se insistía en la importancia de un trato digno y tolerante hacia los alumnos, ellos manifestaban su resistencia a ese cambio: defendían el patrón de ser enérgicos e intolerantes. Fue entonces cuando comprendí que esa era su naturaleza, y que no se podía exigir lo que no podían dar.

La docencia siguió abriéndome puertas: talleres de difusión cultural, un diplomado de fotografía que más adelante coordiné, clases en la licenciatura… hasta que llegó la pandemia y cambió las reglas del juego.

Promoción Diplomado de Foto
Paralelamente, durante los años en la Casa del Artista continué con mis talleres. En 2015, al independizarme, encontré un proyecto que me apasionó profundamente: el Colectivo Comunitario de Fotografía, una iniciativa federal que dependía de Culturas Populares e Indígenas. El reto era mayúsculo: enseñar a niños y adolescentes a fotografiar. Aquello exigió una paciencia y una tolerancia que no sabía que poseía, pero depositaron su confianza en mí y pude llevarlo a cabo.

Esa experiencia me condujo a otro proyecto, esta vez municipal, con un estímulo tripartita. Aquí volví a trabajar con adultos, específicamente con mamás de los alumnos del colectivo. Fue otro magnífico aprendizaje.

 En 2018, con el cambio de sexenio, fui invitado a colaborar en una versión actualizada del proyecto colectivo, ahora bajo el programa Cultura Comunitaria de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México: los Semilleros Creativos. Allí estuve casi cinco años, hasta que decidí volver a la independencia, a ser freelance, como dicen ahora.


Alumnos y amigos de Foto Ibero Torreón 2014
No cabe duda: es difícil decir "de esta agua no beberé". Y no me arrepiento de haber bebido. La docencia me llevó por caminos que nunca imaginé, me enseñó muchísimo y me transformó. Aquella aversión hacia ciertos profesores se convirtió en el impulso para intentar ser el maestro que a mí me hubiera gustado tener. Y me aferré a dos frases ignacianas de mi alma mater:
En todo amar y servir y no formar a los mejores del mundo sino a los mejores para el mundo.

Ayer, entre los recuerdos de Facebook, apareció una imagen de 2008. Me transportó a aquellos días en las clases de diseño, al juego en la enseñanza, y sonreí. Cómo olvidarlo.