miércoles, 11 de febrero de 2026

La Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín a casi 19 años de su creación...

¿Quién recuerda la extinta Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín? Hace casi veinte años, en 2006, Rogelio Madero de la Peña y Pedro Luis Martín Bringas visualizaron un proyecto que pronto dejaría de ser idea para volverse realidad: crear un espacio donde los artistas coahuilenses pudieran desarrollar su talento, recibir apoyo y promover su trabajo. Una especie de cofradía que reuniera en un solo lugar a los creadores laguneros, dándoles la oportunidad de crear, compartir y vivir plenamente su vocación. Corrían los primeros meses de 2006. Rogelio Madero y su hijo David elaboraban el Manto de la Virgen en un terreno que había sido la embotelladora de refrescos Barrilitos, frente al Restaurate La Majada sobre el bulevar Independencia, cerca de las oficinas de Pedro Luis Martín Bringas, cuando tuve el gusto de conocerles y me interesó poder registrar parte del proceso de creación de aquella monumental escultura de acero durante los siguientes meses, lo que daría inicio a una amistad con ambos.

En aquella ocasión conversando con Rogelio y David, el primero me habló de un proyecto que estaba por nacer. Amablemente me invitó a conocer las futuras instalaciones de lo que sería la Casa del Artista. El edificio pasaba de obra negra a los detalles finales. En semanas siguientes se llevaría a cabo la selección de cubículos y la asignación de espacios para quienes tomarían posesión del lugar. A inicios de 2007, ya que la obra culminó, se realizó una selección y finalmente quedé seleccionado, por lo que se me asignó un cubículo en comodato como a los demás integrantes que habían sido seleccionados; por fin contaba con un lugar que fungiría a manera de oficina y estudio donde podría desarrollar mi trabajo de fotografía. Entre los miembros fundadores se encontraban: 

Aida Chamut (pintura), Alonso Licerio Valdés ✝ 2026 (grabado), Álvaro Castaño (escultura), Bibi Guerra ✝ (pintura), David Madero (escultura), David Eduardo Hernández (pintura), Freddy Peniche (pintura y escultura), Fernando Ibarra (pintor), Gloria Banda ✝ (pintura), Guillermo Colmenero (escultura), Héctor Moreno Robles (fotografía), Itziar Fernández Ugarte (pintura y escultura), Jesús Siller (pintura, escultura y restauración), Laura Covarrubias (pintura), Liliana Barrera (pintura), Liliana Lobo ✝ (fotografía), Lorena Holguin Zehfuss (pintura), Luis Montelongo  (escultura), Marianto Aparicio (cerámica), Oswaldo Luévano (pintura y joyería rústica), Rafael Aguirre (pintura), Ramón Reveles ✝ (pintor), Sergio Pérez Corella (pintura), Rogelio Madero (escultura) y por supuesto su servidor.

Al cabo de un año, algunos de los artistas mencionados decidieron marcharse, como el flujo de la vida las personas también entran, salen, se mueven, su salida dio oportunidad a nuevos creadores como Paulina Delgado (joyería de plata), María Teresa Morales (cerámica), Andrea Alvarado (artista visual), Eduardo Rodríguez Calzado (artista visual), Agustín Castillo (artista visual), Evelio Moreno (artista plástico), Henry Reyes (pintura), Alfredo Cortés (grabado), Rafael Blando (fotografía) y Enrique Leal (artista plástico). La Casa del Artista era un organismo vivo y muy dinámico.

Mi estancia se extendió desde 2007 hasta 2015, cuando decidí continuar mi camino de manera individual. Ocho años de exposiciones, talleres, subastas, ferias. Ocho años de convivencia, de diálogo entre disciplinas, de crecimiento mutuo. Ocho años viendo cómo el espacio siempre estuvo abierto para compartir con personas ajenas a la Casa, impulsando así el quehacer cultural y artístico de la Comarca Lagunera. La Casa logró algo difícil: concentrar a creadores de diversas trayectorias, propiciar el encuentro, generar resultados. Permitió que artistas locales se proyectaran más allá, en museos y galerías a nivel nacional. También recibió a artistas huéspedes, que presentaron su trabajo y dejaron su huella. 

Lo que queda a estas alturas de aquella cofradía ya no existe, la amistad continúa a pesar de la distancia y el tiempo. Algunos de los artistas seguimos en contacto. Otros hemos vuelto a coincidir en distintos espacios. Algunos más abandonaron este plano terrestre, pero permanecen en la memoria. Bibi, Liliana, Gloria, Ramón, Luis, Alonso... ellos ya no están, pero su obra y su presencia siguen. Quienes aún estamos aquí continuamos en pie, la mayoría trabajando aún la parcela del arte, resistiendo, buscando superarnos cada día con el objetivo de lograr nuestras metas en el largo plazo. 

En aquel entonces yo comenzaba en la fotografía. Buscaba mi camino mientras incursionaba en el retrato de sociales y la fotografía de producto, y al mismo tiempo registraba temas de mi interés: el acontecer urbano, la vida cotidiana, en busca de una narrativa de índole social. Mi conocimiento fotográfico era más técnico que conceptual. Pero algo en aquel encuentro empezó a moverse. Las conversaciones con cada uno de mis compañeros dieron pie a mi aprendizaje viendo sus procesos creativos además del ensayo y error de ser autodidacta, lecturas recomendadas, las exposiciones tanto internas como externas, fueron dando forma en este camino del arte que me llevó hasta donde voy actualmente, el camino es largo y me mantengo aprendiendo, actualizándome. 

Hace un par de semanas fue grato reencontrarme con el sitio de Blogger donde comencé a difundir este proyecto. Luego, el espacio adoptó un dominio propio y posteriormente migró a WordPress. Yo decidí dejar la Casa del Artista en 2015 por lo que la administración del sitio web quedó huérfana al igual que las redes sociales. A inicios de 2016 el dominio expiró y el sitio se perdió. Pero la memoria encuentra caminos, hoy, el servicio Wayback Machine de Internet Archive conserva un testimonio de lo que alguna vez fue la Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín. No es un sitio funcional, pero muestra el rostro que tuvo. Y hay más: el blog original en Blogger, aquel donde todo empezó, sigue en pie. Se mantiene funcional, más accesible, un puente directo a aquellos años, un archivo de la memoria. Espero con el pasar de los meses poder alimentarlo hasta donde se quedó el sitio Wordpress, habrá que hacer memoria y echar mano de los artículos que se mantienen en los medios locales los cuales muchas veces desaparecen también por cambios de renovación en su estructura.


Al escribir esto, me embarga un poco de nostalgia, pero también orgullo:

  • Orgullo de recordar dónde comenzó mi camino hace casi veinte años.
  • Orgullo de haber formado parte de algo que, aunque ya no existe, dejó huella. 
  • Orgullo de haber aprendido y convivido con cada una de las personas que conocí en la Casa del Artista.
  • Agradecido de las oportunidades brindadas y de haber aprendido de todas y todas las personas y artistas con quienes conviví y establecí un vínculo. A todas ellas, mi agradecimiento y cariño.
  • Nostalgia y rumbo, mi camino hoy lleva dirección, sé a dónde voy, más nunca olvido de dónde vengo.¶ 




  


sábado, 17 de enero de 2026

Dejemos que llegue el final de los tiempos... (borrador de diciembre del 2023 que apenas vió la luz)

Tuve el honor de conocer a John Sevigny, fotógrafo estadounidense a quien conocí a través de redes sociales en 2007 cuando él radicaba en Saltillo y a quien invité a impartir su taller de fotografía callejera en Casa del Artista (Casa del Artista Ana Mary Bringas de Martín), desde entonces entre ambos se entabló una bonita amistad a pesar de no coincidir mucho por la distancia, John ocasionalmente me procuraba aquí en Torreón; John fue un incansable nómada en nuestro país y Centroamérica en la búsqueda de imágenes para incorporar a su amplio cuerpo de trabajo que dio luz varias publicaciones; desde entonces siempre mantuvimos contacto a través de mensajería electrónica y las mismas redes sociales, por lo que cada dos o tres años, volvimos a concordar reunirnos aquí en Torreón.

 En 2010, repitió la experiencia, regresó a La Laguna para la presentación de su libro Un muerto pare el santo en la Casa del Artista y en la universidad donde impartía clases, la Ibero Torreón, este año la violencia llegó al punto álgido pero eso no frenó del todo nuestra promoción de la práctica fotográfica callejera con su libro.

De igual manera en 2012 nos volvimos a reunir, en esta ocasión con un taller de Fotografía Callejera y Composición también en Casa del Artista, generalmente a su llegada era ponernos al corriente de andanzas al calor de unas heladas cervezas en alguna cantina lagunera, departiendo con sus siempre interesantes anécdotas.

Pasó el tiempo y durante la pandemia de COVID-19 me enteré de que estaba en El Salvador, Honduras y Guatemala, posteriormente coincidiríamos a través de redes sociales y una reunión virtual y retomaríamos charla a través de Zoom o Meet. Luego del encierro pandémico, John retornó al país, con más material y anécdotas, como el de su secuestro y su pasión aventurera de registrar lugares de cierto riesgo como bares y cantinas.

Entre 2022 y 2023 acordamos reunirnos en La Laguna para la presentación de su más reciente material y la próxima salida de su último libro. En Mayo del mismo año nos reunimos en Torreón, realizamos su presentación de libro Let the good times roll (Deja que llegue el final de los tiempos) en Café Canijo de Lerdo, Dgo., y se llevó a cabo un taller de foto de calle express muy práctico con un pequeño grupo entusiasta entre amistades de ambos y estudiantes míos. Al cabo de 3 días John retornaba a Saltillo, Coah., para continuar su itinerario hacia CDMX, con la promesa de vernos en otoño para presentar el último libro físicamente: League of the Dead (La Liga de los muertos).

Gran sorpresa del destino que, sabiendo que ya había comenzado a presentar su libro en CDMX, el 05 de noviembre por la tarde repentinamente recibo una llamada de quien se identificó como su pareja para darme una estrujante noticia: John había fallecido.

Para mi fue increíble la noticia, John mi maestro de foto callejera y amigo había trascendido a otro plano, el plano de la luz que añoramos quienes laboramos con ella, la luz que buscamos como sinónimo de verdad en la absurda realidad que nos acoje. 

"Todo profeta de la fatalidad necesita dos cosas: instrucciones de algún dios o diosa y un par de ojos atentos para ver el triste y lamentable estado del mundo" estas fueron algunas de las palabras en el penúltimo libro de John Sevigny. 

Nacido en Miami en 1969, John Sevigny fue fotógrafo, escritor y docente. Se desempeñó como reportero y fotógrafo de Associated Press y EFE News. John realizó más de 50 exposiciones individuales incluyendo muestras en Estados Unidos, Países Bajos, México, El Salvador, Guatemala y participó en innumerables exposiciones colectivas en todo el mundo. Sus impresiones artísticas se encuentran en colecciones públicas y privadas de todo el mundo. De su autoría fotográfica plasmada en libros de fotografía están Callejón de Milagros (2020), Fuego del cielo (2019), El Muerto Pare el Santo (2010), Let the End Times Roll (2022) y League of the Dead (2023).

Me falta un amigo (uno más), un maestro (entre otros maestros acaecidos previamente), me falta un cómplice de fotografá de calle, John te fuiste repentinamente, como la blanca niña que nos sorprende para acompañarla y que no falla en su empeño de no dejarnos ir.

Hasta pronto querido John, ¡dejemos que llegue el final de los tiempos!.